Introducción al contexto del artículo
Durante años, las discográficas, los autores, los gobiernos, las autoridades, el Monstruo de la Alcantarilla, etc… han tratado de convencerme de que no copie ni la Nada. Me decían que debía ser legal a tope mirando para otro lado. Sus consejos me los pasaba por la axila, además de reírme a saco. Pero en estos honestos días modernos, algo me ha convencido de que no debo copiar, nunca.
La abulia, propia de tierras yermas, del reproducir del vídeo Flash, con una pareja cometiendo un acto inmoral, se convirtió en una vivaz florecilla a medida que iba avanzando. El rapero negro que salía me alegraba la reproducción. Él ponía la semilla y el agua. Fiesta en casa. Pero cuando el vídeo se marchitaba, volvimos al principio, con matices. La misma pareja, que había aprendido la lección del rapero ése y sacaba el disco del PC justo cuando estaban a un tris de cometer su mayor acto criminal, piratear un inocente y solitario juego. El final, con su mensaje moralista -no copies juegos pero copia el anuncio para distribuirlo- y sus créditos esfumaron todo el crédito que podía pasarme el músico -cinco centavos y buen rollo-.
Nos extenderemos más sobre la parte del rapero ése. Aunque yo no entendía las cosas que decía -sólo alcance a ver la perla de “Si pirateas, se acabará la era de la informática” gracias a un comentario en Menéame-, le podía ver haciendo el ridículo metiéndose dentro de escenas de videojuegos incluso con el objetivo de hacer sentir partícipe al consumidor experto de anuncios. Muerta la pantalla del juego electrónico, se aumentó la rabia. Los juegos de cámara intentaban hipnotizar al que todavía seguía en pie -el anuncio dura 10 minutos-. Como sacado de una película de terror de los años 50, en algunos juegos de éstos, el rapero parecía emerger de la nada. Supongo que esto iba con segundas, con el objetivo de que al piratear algo sintiera un poco de terror como soñar con él y despertarme de manera brusca. Por lo menos he sentido algo de miedo. Creo que no volveré a copiar nunca un disquete de 3,5 pulgadas. Aún me tiemblan las piernas.
Rematamos el artículo con un escueto: “A grandes falacias, grandes carencias”. Y recomendamos este vídeo como entretenimiento barato para el perro, si es que lo tiene. Finalmente, en cuanto al rapero, baste decir que en realidad es un simple abogado amoroso. Parece que tuvo que buscarse un trabajo, aunque fuera un simple asustador de masas.
1 response so far ↓
Adantxo // Marzo 23, 2008 en 11:45 am
A mí el rapero me da mucha grima -ω-
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