Hace más de un mes puse punto a la primera parte de esta combinación de palabras salida de las cloacas del mundo informático, bueno punto y coma. Ya saben, usaré una excusa para esta cosa. La investidura de Zapatero y sus féminas, que nos servirá para hablar de cómo una gran tormenta se ha olvidado por completo del populacho. Debería aducir vagancia, pero eso no vende. Pues adelante.
¿Saben? Ese buzón tan inofensivo que está ahí, que mira al respetable sin rastro de altivez. Esa farola tan alta que saluda humildemente. Este edificio que se alza para cobijar a humanos desamparados, vendido por una constructora solidaria que se deja sus dineros en un solar vacío con buena intención. Todos estos chismes al servicio del ciudadano llevan basura o más bien sus restos, conocidos como carteles electorales viejos. Normalmente de partidos minoritarios que tiran hacia una causa más simple que el mecanismo necesario para encender un cigarrillo.
España se desmembra, este papel también
A veces los papeles no son capaces de hablar por sí mismos, también algunos comedores de guano ayudan a algún partido pintando coserías en la pared. Si les detienes, un flanco tuyo fallará. Aprovecharán para escaparse por allí y pegar cosas pequeñas a la pared. ¡Vota izquierda! Pegatinas jodidas, difíciles de despegar. ¡El poder, la Amenaza, me quiere despegar! ¡Pediré a mi compañero pegatinas muy fuertes! Si han de quitarme, que quede algo de mis restos.
Maniqueísmo y posterior solución
Avance como nunca con Superglue
Ideologías contrarias también aprenden. Esta cosa de los extremismos se apunta, pegándose muy fuerte a los buzones y a otros bienes públicos. ¡Por España, que el papel se quede siempre aquí! Si se acaba esa gloria, que quede algo de ese recuerdo.
Hay que mostrar tu amor a España en una parada de autobús, exhibiendo tus corpulentas falanges
Todo esto es el resultado de una locura, una explosión de algarrobas conocida como campaña electoral. Una demencia llena de demagogia, teles, candidatos llenos de pelos en la lengua, spam legal, etcéteras para apoyar argumentos, etc… Tanto ruido para luego seguir como siempre. Ganó alguien, ¿y qué? He soportado ruido, mi pene no ha crecido, el régimen alimenticio sigue en su sitio. Grita el político para agarrar el poder, afónico se vuelve en cuanto el poder le abraza. Lo peor es que estos basureros deben de acumular aburrimiento recogiendo spam, spam, spam, spam, spam y más spam. Bueno, a estas alturas estarán más relajados.
Tras presentar al resto de las inmundicias de la campaña, ahora toca acercar al lector con una narración realista del día de las elecciones. Ahí va.
Día de las elecciones
Ah, votar, votar. Las urnas se van acumulando de papeles. Delante de ellas hay gentes a montón, dispuestas a ahogar a la urna de papel. Cogen algunas cosillas de una extraña mesa larga. Ah, resulta que son materiales reciclados del colegio. Qué pavoroso, un colegio lleno de niños se convierte en la mayor muestra de política de nuestro barrio.
Una bonita sala de juegos infantiles ha sido transformada también. Es dantesco ver cómo se mezclan dibujos infantiles, juguetes más grandes que los minipisos ésos de Trujillo con pura política. Bueno, pensándolo mejor, es el vivo relato de nuestra política en los tiempos modernos, juegos infantiles que tiran del ad-hominem como argumento de autoridad.
Sólo he pasado por dos salas. Ahora vienen las colas masivas para depositar un papel que servirá para alimentar el ego del político, esto… de elegir al representante del pueblo. Salgamos del edificio interior del colegio. El aire. Creo que en este día de hoy, nueve de marzo, la primaria escolar huele a adulto. Ya nos hemos librado de la simple jornada escolar-política. Una avalancha de gentes sale para dar paso a otros seres vivos que residen en el barrio -oh, las cucarachas y los microbios están infrarrepresentados-.
Finalmente, esta saga se apaga. Dentro de 3 años, con las municipales, más espectáculo. ¡Y podré votar, por fin!




