Cerebro de Espuma II

Carta un poco abierta a Alcaraz (abierta con cuchillo, claro).

Abril 9, 2008 · No hay comentarios

ETA indignaba al pueblo con sus divisiones de cuerpos al tún-tún. Un día convertían a un ser humano en 78 pedazos, otro día en 90 pedazos y el segundo otro, en un pedazo de finado con agujero. Éste era el punto álgido de un concierto algo pobre en donde sonidos de disparos y explosiones se mezclaban para un espectáculo que serviría para dar notoriedad a la banda “terrorista” ante España.

Estos conciertos terroríficos eran. Levantaban indignación, que se materializaba en forma de manifestaciones. Se organizaron las víctimas, así nació la AVT. Con un objetivo loable, aprender a disparar a los etarras con pistolas de agua y mojarles los pasamontañas. Esos etarras lo sabían. Sus conciertos dejaban de venderse, los pedazos esparcidos ya no vendían. Éxitos en las listas de ventas tales como enseñar a volar a Carrero Blanco, sin éxito, eran olvidados por muchos conciertos malísimos en donde un inocente se sentía protagonista de una diatriba por la vida.

Si ETA se acababa, otra era de maldición nació. La AVT cambiaría…

Alcaraz, sin comerlo ni beberlo, obtuvo un poder inesperado. En la AVT, desafortunadamente, no había tablillas de ésas medievales que te soltaban rollos de maldiciones eternillas si las incumplías. Sólo unos míseros estatutos, y para cumplir. Cuando la poltrona abrazó al señor Alcaraz, éste decidió encerrarse en una sala. Para jugar a un videojuego tomando como protagonista manejable a una víctima de ETA. Sonidos de teclas. Sonidos de regocijo, pasó de nivel. “Game Over”, cara de indiferencia.

Para sobrevivir al vicio, se comía el folio original con los estatutos de la organización. Menos mal que era sin ánimo de lucro, esos 6.000 euros al mes que se sacaba eran zarandajas.

Rara transformación. Pasó a ser un demagogo todopoderoso de la noche al día. Sólo le hacía falta provocar una lluvia de grava contra el PSOE. Obró milagros. La AVT, que hasta ahora sólo deseaba silencio, tranquilidad y demás beneficios, se convirtió en un arma política. Como las polillas que se van de casa tras el verano, menos mal que se va, Don Alcaraz.

No le podría aguantar ver más en un trono, sentándose por encima de las almas de las víctimas mientras decora su orinal con una foto del PSOE.

Muy bien, Alcaraz. Sirviendo a la patria, ¿eh?

Categorías: La sociedad, mis ojos.

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