Cerebro de Espuma II

¡Hablemos de algún Kurt!

Abril 11, 2008 · No hay comentarios

Eras un bonito escupitajo de la Naturaleza. Menos mal que hiciste algo más que comer, beber y mear -no falta el cagar-. Pero un mal día te secaste y dejaste que la Muerte te mimara.

Hace un año, algún Kurt realizó el más irónico chiste de su vida. Un superviviente de la segunda guerra mundial fallecía al tropezarse con las escaleras -en realidad, la caída ocurrió unas semanas antes. Sólo quería alargar el chiste-. Como así lo deseaba en Un Hombre Sin Patria, en la parte de los humanistas -en resumen, quería que le soltaran un chiste sobre cielos variados- le dedicaré esta frase con vuelta de tuerca incluida: “Bienaventurado seas, Kurt. ¡Estás en el cielo! Molesta a algún dios imaginario”. Este señor paría libros, especiales como ellos solos. En el imperio de ultramar de sus letras, mis ojos trataban de entenderle. Era aire para mi cerebro, de nombre Pinky.

Poseía paridas simpáticas. Más interesantes que algunas personas reales.

Bokonon. Me llenó de formación espiritual, por fin un profeta que ejercía el derecho a la libertad de expresión y hasta se permitió ir a una islita en Cuna de Gato. Rosewater. Me enseñó que mola más comer papas fritas y criar estómagos que la riqueza, la reputación y esas cosas aburridas que llenan de aire. Kilgore Trout. Me abrió los ojos. Cómo lo cutre puede ser emotivo, cómo ciencia ficción mala emociona más que clásicos españoles inflados con globos de estraza. Y etcétera, personajes que aportaron… ¿aportaron? Sí. Así fue.

Y con la edad se dejó de Mataderos, Madres Noches y Cunas de Gato pero su humor seguía así, en forma de irreverentes chistes. ¡Un Hombre Sin Patria nos muestra la realidad! ¡Hemos venido al mundo con tal de hacer el ganso! ¡No subestimemos a los árabes, nos dieron los números! Hasta el final dale que te pego con la pluma. Ella, cuando dejaba fluir tinta, adquiría un extraño poder. Un olor que se movería por todos lados. Influyó en Douglas Adams. Quizás me influya. Es muy posible, muy fuerte me ha pegado. ¡Bua, repollo por favor!

¿Cómo es que estás enterrado? ¿Desde hace un año? ¡Responde, Kurt! ¡Tus letras nunca morirán, pero tu frágil cuerpo sí que tenía comparación con las papas en la boca de Eliot Rosewater! La Naturaleza o lo que sea te ha pegado un caprichoso bocado, ya te perdonó en Dresde allá por 1945. Permitió que crearas Matadero Cinco. Pero añadió un poco de maldición a esas escaleras allá por el 2007 para que se regocijara. Y ahora, el gran secreto…

Ese Kurt se apellidaba Vonnegut.

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