Cerebro de Espuma II

Un paseo por Liberty City

Octubre 13, 2008 · 1 comentario


Niko Bellic, el libre albedrío personificado… ¡ay, no puede hacer el pino! Como protagonista del GTA IV, hoy dará un paseo conmigo y me enseñará algo de su fructífera vida social.

En el divertido mundo real, un aburrido día de septiembre.

El juego en mis manos, yo feliz y alucinado al mismo tiempo. Una paradoja ocurrió, desde Hong Kong adquirí un juego PAL1 mucho más barato que en la tienda de videojuegos del barrio vecino. ¡Y encima lo tengo en español! Si Liberty City, a la que se accede tras esperar pacientemente una carga, tiene sus incongruencias, el mundo real también.

Bueno, al caso. Volví a oler un juego nuevo. Lo liberé del precinto en el que se hallaba aprisionado. Por cierto, esta simpática tontería de plástico permanecería unos días más en mi habitación a causa del particular orden que sigo. Inevitablemente, acabaría por descansar en una papelera para prepararse para su viaje al Mundo De Los Justos, el basurero municipal. En fin, tras esta fruslería de plástico llamada caja se ocultaba un simple DVD, un manual y un mapa de Liberty City2.

Toda la paquetería y la basura fuera, el disco en mis manos esperando a encender la XBOX 360 para gastar cruelmente electricidad. Y a poner las manos en la cabeza relajándome mientras veo todo tipo de logotipos, avisos legales y secuencias antes de cargar la partida…

Son tantas las cosas a relatar que un diario de viaje digno por mi parte necesitaría ingentes cantidades de bytes así que sólo hablaré de unas cuantas boberías de lo que he visto en esta ciudad virtual tan digna como una real, sobretodo de manera vaga y general. Mala suerte, amigos. Esperen a nunca para ver algún postulado teórico largo sobre el juego.

Liberty City, no se sabe cuándo… pero supongo que en 2007.

Ya cargó el juego y, a causa de esta terrible circunstancia, entro por enésima vez a otro mundo ficticio. Mis manos acarician el mando de la videoconsola mientras contemplo la nuca, la espalda, el trasero y parte de las piernas de mi avatar -junto al que tienen todos los demás jugadores del GTA IV-, ya definido por los creadores3. Muevo el joystick izquierdo del mando dando con las direcciones correctas para orientarme y no chocar contra esa maligna pared que se ríe en mi imaginación. Poco a poco voy saliendo a un mundo abierto, nada mágico y lleno de posibilidades.

Estoy en una ciudad enorme repleta de matices, algo desorientado estoy. Las convenciones de muchísimos juegos indican que se debe obedecer a las reglas de la Más Absoluta Linealidad. Sin embargo, éste es diferente. Atrevido. Salvaje. Radical. ¡Anda, como los demás GTA que han existido! Otro gran juego que requiere mucho uso de la imaginación para disfrutarlo4

Afectuosamente suyo, un humano pedantillo que va a largar unas cuantas barbaridades de su paseo por la ciudad, todo eso que da encanto a cualquier GTA y lo diferencia de los demás sandbox, generalmente repetitivos y conformistas.

Caos virtual sin policía en el meollo.

Enseñé mi flamante subfusil a alguien que estaba sentado tranquilamente en una hamburguesería, aparentemente sin hacer nada. Luego, dormía sobre la mesa cual bebé tras hacer yo un poco de ruido. Eso sí, con el consiguiente rastro de sangre en la pared adyacente a la mesa. Esperé un poco, posteriormente el cadáver cayó. Ahora reposaba en la silla, con un pie sobre la mesa5.

El restaurante había perdido un cliente, pero éste ya les había donado desinteresadamente algo de dinero, exactamente lo que valía una Coca-Cola y una supuesta hamburguesa que jamás vi figurar. En vida, este personaje no jugable que amenizaba el escenario con su camiseta de fútbol americano de color chillón y número bien visible, tenía una mirada vacía. Jamás llegué a saber si tenía el estómago lleno o no.

A causa de mi acto, ocurrió lo que lógicamente tenía que pasar con una inteligencia artificial mínimamente definida. Algunos presentes en la hamburguesería trataron de agachar su cabeza, atacados por el pánico. Otros, como una abnegada señora de la limpieza que trabajaba por unos dólares o unos presumibles clientes que iban a dar más beneficios a la Compañía, huyeron. Yo empujé las puertas, triunfal. Lo que veía sólo era mera calle, nadie me reconocía. En el fondo, bajo un increíble trabajo por simular la realidad, seguía siendo un videojuego con sus elementos fantasiosos y tal.

Ser mero observador en una ciudad virtual está bien…

Niko Bellic, en conjunción con los deseos de mi persona, está harto de caminar. Yo le doy al botón A así que corre. Curiosos estamos los dos, jugador y avatar virtual. Me fijo en esos personajes no jugables tan simpáticos que adornan de vida las aceras de la ciudad y trato de intervenir en sus vidas, con catastróficos resultados. Creo que podría escribir una enciclopedia con ellos… Bueno, al lío.

Transeúnte A, con una camiseta de fútbol americano blanca, unos adornos dorados y una forma de gesticular que ha plagiado vilmente de la sociedad en donde vive. Ha cogido el móvil y habla con alguien mientras sigue caminando. Otras veces me lo encuentro, con distinto ropaje, en un grupo charlando de cosas que jamás sabré. Personalidad variable. Con mi bocadillo de nudillos especial a la Bellic, a veces huyen. En otras ocasiones, responden a tal agresión con premeditación y alevosía, tratando de intervenir en la pérdida de mi barra de salud.

Transeúnte B, rabino judío. De negro y con un sombrero igual de oscuro. Muy tranquilo, sólo ha movido las piernas. Sin rastro de aparatos electrónicos en alguno de sus bolsillos. Observa por aquí y allá. Pongo mi mirilla de apuntado y le pego una hostia. Deja aflorar esa madera de atleta que tenía escondida. Tan pacífico como es, se aleja rápidamente de mi persona, percibida como una amenaza.

Transeúnte C, anciano. Vestido con ropa sencilla, pragmático. Ha vivido muchísimas experiencias, presumiblemente. Hay que presuponerlo todo en malditos personajes no jugables. Saco mi pistola y disparo al aire. Extrañamente, no parecen que cobren pensión y se muevan penosamente como observé hace segundos. Corren. Han recobrado la juventud. En fin, milagros extraños de la ficción.

Transeúnte D, mujer joven. Bien bonita es, contempla escaparates y acepta con gusto el bombardeo publicitario de turno. Pasea tratando de llegar unos objetivos bien definidos, como si un ser superior guiara completamente sus pasos. Muy pacífica es, afortunadamente. Prefiere huir cuando algo gordo pasa, como las sonoras canciones que realiza Niko Bellic empleando subfusiles, metralletas y pistolas.

Y mucha más gente que no nombraré. Lo que sí sé es que, a mi nublado juicio, casi todos tienen la mirada perdida y una memoria de pez6. Además, por sus miedos y experiencias pasadas, huyen cuando les saludas efusivamente con una granada o una Magnum 16, entre otros artilugios para matar.

Detallitos insignificantes de la ciudad.

Estas vallas publicitarias que jamás cambiarán, por la naturaleza inerte del videojuego, nos anuncian películas, bebidas, nuevas formas de vida, etc… Giro un poco la cámara para quedarme hipnotizado ante tamaña simulación con la mala leche que caracteriza a Rockstar, con punto crítico y satírico incluido -¡nosotros, hamburguesería puramente yanqui, defendemos el libre mercado! ¡Da igual que mate gente o lo que sea!-.

A la publicidad no le basta con adquirir la forma de valla metálica. Se manifiesta en muchas más formas. En una de las islas del juego, en una suerte de Times Square, aluciné con todo este neón que mis ojos alcanzaron a ver. Era el retrato de una ciudad adicta al consumo, a lo brillante y a las apariencias. Era la recreación más bella de Times Square que jamás he visto. Y sólo la podía dar un sandbox7 con vida propia y mucha personalidad.

Últimamente, por si no tuvieran espacio para manifestarse, estos anuncios también aparecen en paredes con una voz estentórea dedicada al jugador curioso y observador que tiene el valor de detenerse por ahí cada dos por tres, como yo. No para de simular a la maldita realidad gritando: ¡Compra! ¡Compra! ¡Eres lo que tienes! ¡Convierte Liberty City en algo más vivo, nosotros estamos aquí!

Finalmente, otro tipo de detalles reclama espacio en esta historia. Fíjome yo en la multitud de tiendas con sus representaciones realistas8, el encanto de los diversos barrios y su curiosa idiosincrasia, nefandos graffitis adornando barrios con mera suciedad, obras de arte circulando por ahí, discriminación positiva presente9, escalerillas y demás detalles que convierten a los edificios en algo más que cosas planas de adorno para embellecer el escenario y tímida aparición de animales, como palomas voladoras. Ni rastro de los perros, que diga. Y mucho más por ver y no contar, amigos.

Bellísimo interiorismo.

Y el paseo por la magnificencia virtual de Liberty City se termina. Al pasear, uno también se quiere colar en algunos edificios de nada. Y en efecto, consigue su propósito. Ya en cualquier interior, deja mover lentamente la cámara mientras Niko Bellic, parado, gesticula sin dirigirse a nada en concreto. Suelo de una casa sucia, algún momento del día. Hay unas simpáticas cucarachas correteando. Consciente de la ficción que estoy viviendo, jamás pretendo decir “písalas”. En mi mente, aplaudo por enésima vez a Rockstar y comento a mi amigo: “Chapeau, qué buen detalle”.

Ya hace tiempo, empecé a admirar el interiorismo del juego y sus crudas realidades… al aterrizar en casa de Roman, al principio de todo el juego. Se me reveló la aterradora desnudez de una auténtica casa sucia10. Los detalles así me lo indicaban. Empecemos; el póster gastado de una chica ligera de ropa, una televisión anciana que ha dado mucha guerra, un frigorífico que reclama una pensión a gritos, basura suelta y demás suerte de adornos que no recuerdo con claridad.

¿Otros sitios, aparte de ir asaltando casas ajenas? ¡Claro que sí! Su interior también merece un vago comentario… En el Burger Shot, hamburguesería por excelencia del juego, el lugar se mantiene más o menos clónico. El tipo detrás del mostrador, lacónico, entrega hamburguesas a cambio de dinero a los clientes de mirada vacía. La chica de la limpieza trabaja por la Pulcritud Suprema. Franquicias perfectamente iguales como en la cruda realidad, con publicidad agresiva y detalles colocados al milímetro como esa lista de precios o el ficus omnipresente para, supuestamente, amenizar la cosa.

Finalmente, más interiores… uno sin techo y con corriente virtual fresca. El sotanillo de algunos edificios con escalera y esa basura que adorna la escena, posiblemente prescindible pero que da gustillo esconderse de vez en cuando allá… Y otro, esta vez techado, la tienda de armas. Ambiente gris, mesas sencillas con sus respectivas armas, tipo con mala uva que no invita a un sencillo atraco, ambiente clandestino,… un gran conjunto que ha casado con la situación presente. Y un mogollón más de lugares que jamás describiré aquí, por cuestiones de espacio.

El último adiós…

Y ahí, en cualquier lugar, decidí apagar la consola, pensando en todo lo maravilloso que he descubierto sin pasar una misión. Sólo he tenido que profundizar un poco en ese maldito libertinaje que, desgraciadamente, nos anima a hacer de manera oligofrénica las mismas cosas de siempre, como matar al prójimo más cercano o huir de la policía. ¡Y he matado virtualmente igual, encima!


Visitante, más para leer… ¡Marchando!

1 Por si alguien está perdido en términos oscurejos, juegos de territorio PAL son juegos de territorio europeo. A grandes rasgos, claro.

2 ¡Qué mimo pone Rockstar hasta en lo físico! El mapa de Liberty City lo he confundido con uno real. Suerte de que Algonquin sólo me suena virtualmente, que sino no destino nada de pasta a un mapa real de Nueva York. ¡Y qué decir del manual! Colmado de publicidad ficticia, con su ironía cruel, que me agrada más que Hobby Consolas o cualquiera revista-anuncio existente en España.

3 Que se note que se llama Niko Bellic con rasgos definidos incluidos para un mejor desarrollo de la trama. Nada de experimentos raros, como en el clónico y anodino Saints Row, donde creabas, sólo físicamente, a tu personaje y todo se quedaba en un mostrenco sin carisma al que tenías que manejar durante horas y horas pasando misiones sin demasiada historia.

4 Salí con mi primo virtual Roman a algún inocente lugar con poquitos criminales. Y acabó siendo un toma-daca con la policía en el que había que cambiar de coche al estar obviamente abollado. Por supuesto, la cita jamás se realizó. Fue más apasionante que el baile sensual de alguna chica en el striptease de turno, la verdad. También recuerdo cómo paseé en un carrito de helado robado con mi novia, de nuevo ficticia. La escena fue cómica, sobretodo por mi torpeza al volante y la inestabilidad del vehículo.

5 Los cadáveres son muy maleducados, jamás harán lo que la sociedad espera de ellos.

6 Ya me he topado con numerosos olvidadizos. Si te chocas con algunos de ellos, se les cae su vaso de plástico con Coca-Cola dentro. Y lo olvidan en el acto. Otros son más peligrosos. Si les robas el coche, correrán a por ti. Cuando te alejas un poquito, ya se han olvidado del coche, como si no existiera en sus vidas, y se dedican a deambular por ahí. Generalmente acaban atropellados en pleno asfalto.

7 Palabrejo del inglés que pongo a lo largo del texto para simplificar lo que vendría a ser “juego en donde puedes hacer lo que quieras y la linealidad está difusa”. Información para el desinformado que jamás vendrá mal.

8 En mi imaginación, contemplo a algún diseñador artístico de Rockstar en pose arquetípica: encadenado a la silla, diseñando más y más detalles sin fin y con dolor por el bien común de otra obra contemporánea.

9 Fíjese, lector. Me puedo poner al volante de un Hummer, un coche muy fuertote, y correr a gran velocidad. Todas las farolas, metálicas, grises y anodinas obras del Hombre Moderno, caen tras contactar con el capó. En cambio, el árbol sigue en su sitio por mayúsculo que sea el impacto. Nada puede arrancar a este ser que ha mutado en este videojuego y ha adquirido total inmunidad, demostrando así que los creadores tienen un escrupuloso respeto por la ecología.

10 En Saints Row, enésimo juego que trata de hacer toser al GTA, tu casa es aséptica, limpia y podrías estar en ella dos segundos. Lógicamente, pasado este breve rato, volverías a la calle, igualmente aburrida y con escasa vida.

Categorías: Mis boberías culturales modernas

1 respuesta hasta el momento ↓

  • Drakan // Octubre 13, 2008 a 10:48 pm | Responder

    Liberty city si lo q los programadores quieran decir pero la estatua de la ”F”elicidad esta atada al suelo y enganchado el candado a su corazon.

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