Entradas de Enero 2009

Algo así, pero cambiando el año. ¿Les vale?
Caballeros, estamos hablando de uno de los éxitos literarios del 2009 en este país. Un libro que se suma a un género literario manido en todo el mundo, el de las páginas amarillas o listín telefónico. Un amasijo de papeles inútiles que conquista un poco de espacio en nuestros hogares y que, más temprano que tarde, acaba descansando en los cubos de basura municipales, devolviendo así la paz al hogar. Hasta el 2010, 2011 o más años venideros, en donde un nuevo ejemplar de Páginas Amarillas, dejado en buena lid por un cartero, esperará junto a la puerta de casa. ¡Con un rasgo diferenciador, ese número de año que sale en portada!
Mi ordinario dedo pasa esas páginas de calidad penosa esperando observar elementos inesperados entre someros nombres de negocios y ordinarios teléfonos pertenecientes o relativos, como diría la Real Academia Española, a Madrid. No hay demasiada monotonía. La anodina experiencia lectora se puede ver continuamente interrumpida por anuncios, normalmente de baja estrofa, de empresas pequeñas. En una página se describe un pasaje que presenta sin más chalets prefabricados. Como en un ritual, uno puede coger un puñado de páginas, saltar y observar a doble página ese anuncio enorme de cerrajeros que abunda en texto y decide dar la patada al molesto lenguaje visual.
Es hora también de comentar estos fantásticos pasajes multi-anuncios, que se suman a todo lo anterior, en donde ya no vemos largos listados con sus respectivos números de teléfono. Lo que podemos observar es una multiplicidad de anuncios pésimos en su diseño pero funcionales. Una hojeada rápida me indica que hay muchísimos de estos paisajes. Algunos de mis pensamientos conspiranoicos me indican que esa propaganda contribuye a engordar el papel y a dar forma a las 1.082 páginas que totaliza el libro. Es más, mi neurona va más allá. Piensa que en ese libro, el raro y marginado es ese índice de anuncios.
La historia termina con un giro literario inesperado, uno de los capítulos más hermosos que jamás se hayan visto en el género del listín telefónico; unos mapas a escala decente de Madrid. Es fascinante observar esas líneas rojas que marcan aquellas calles destacadas. Y qué decir de lo precioso que resulta navegar por pequeñas manzanas y observar continuamente, casi sin querer, numerosos nombres de barrios. Y todo tiene que acabar, por muy bello que sea. Cerramos ese libro, no sin antes apreciar la bocanada de aire que suelta al cerrar de golpe sus páginas.
Categorías: Mis boberías culturales modernas

En el 95% de los casos, ¡el sí es tentador!
¿Qué es lo que les impulsa a los humanos al (pretendido) deseo de tropezarse con la misma piedra una y otra vez? Eso me preguntaba una y otra vez en las interioridades de mi mente sin esperar una respuesta. Veía escasa originalidad y numerosos plagios sin denuncias en la Historia de la Humanidad. Observaba esas caras que disfrutaban a la hora de cometer errores tan tentadores. Simplemente, no busqué demasiado bien la respuesta.
Pero… ¡oh, mi atrevimiento! Puedo exponer mis encantadoras vivencias sobre este grandísimo vicio humano un poquitín más abajo, aparte de resumir cutremente los grandes males de la humanidad.
¿POR QUÉ GOZO CON TROPEZAR EN LA MISMA PIEDRA?
Estaba yo dicharachero aquel día en el que me juré por dos minutos que no iba a repetir la historia de dejarme las pestañas haciendo un trabajito elemental para la institución universitaria. Las semanas pasaban volando y las declaraciones de intenciones fundiéndose con esa bonita parte del olvido. Otro trabajo tenía delante y con mi enorme convicción escribí cinco frases. Para retomarlo con el doble de convicción el último día, y para variar, dejándome las pestañas. Todo eso a la vez, enterándome de que la madrugada ya estaba ahí y la jornada universitaria me esperaba muy pocas horas más tarde. No obstante, pese al pésimo error, sentí un amor platónico por esa situación límite.
Ese sudor frío, ese encanto de hacer las cosas corriendo y esa tentación divertida de buscar chorradas en Internet en el último momento como ese jemer rojo que habló alemán frente a Pol Pot… jamás pensar en el error y el horror. Aplíquese sus encantos de turno, en una suerte de estándar de andar por casa, a errores más humanos como la avaricia o masacrar cabezas de ganado humano en pos de un gobierno más autoritario.
Sí, creo que he encontrado la misma respuesta que millones de seres humanos y estoy dispuesto a ofrecer una perogrullada, de raza digna de ese pésimo artículo, que sobrará en Internet. Pero no. Quédense con estas ideas y con otra más: ¡nos produce placer chocar metafóricamente nuestras maltrechas espinillas contra el metafórico pedrusco!
Categorías: Realidades cercanas
Es abrir los ojos por enésima vez mientras se mueve el ratón y ver con qué nos regala la Red. Entro en un foro, doy clic en un tema curioso. El sempiterno enlace a 20 minutos se me presenta. Sonrío de estupefacción y me llevo una mano a la cabeza sin saber porqué. Me muestro indiferente a la vez que sonrío. Todo un señor amalgama de sensaciones. Empaquetaré en dos simples párrafos mi sentir.
Por el derecho sensacionalista, Che Guevara roba ron.
¡Atención, señores! El Ché, tumbado durante 41 años en su ataúd, ha decidido levantarse de forma ordenada. Primero, ante todo, a elevar su torso y a girar la cabeza para contemplar la situación. Segundo, los brazos activos para remover la capa de tierra de dos metros que le separa de la superficie. Y tras el rutinario proceso que ha de realizar un cadáver viviente para poder caminar por la Tierra, ha decidido ir a una tienda a sustraer amablemente un par de botellas de ron para goce suyo. ¿O alguna clase de infames seres que emanan de las profundidades de la redacción de ese periódico que no obliga a soltar moneda alguna permite esta clase de titulares?
Caso de maltrato grave, muerta viviente sufre.
Bienvenido, humor negro. Que titulares sensacionalistas y el menosprecio de casos graves le abran puertas en el mundo de la prensa gratuita. Debemos derribar las barreras del rigor periodístico, esa estúpida cosa que hace todo lo posible por espantar a ficciones y humores variados, y plantar la bandera oficial de la Diversión. ¡Oh, sólo escucharemos lindas vocecillas indignadas preguntándonos porqué metemos el rigor en el trastero! Ah… eso se esfuma con el viento. Tiempo al tiempo. El pueblo necesita diversión, quiere ausencia de seriedad.
Categorías: Gazapones y curiosidades · Ironías para los duros de comprensión
Desde un atril más de los que hay en este mundo, un hombre bien vestido, con su calva lustrosa, piel sin rastro de arrugas y personalidad aplastante (instalada, eso sí) emite, desde las profundidades de su garganta de plástico con walkman incorporado, una voz grabada viejísima sobre el año nuevo y los buenos propósitos. Lo hace al son de una boca de ventrílocuo que se mueve arriba y abajo, simulando que habla. Y de vez en cuando, hace gestos robóticos con sus brazos de metal para tratar de hacer creer al público asistente, unos cuantos millones de humanos en una sala de conferencias inmensa cuyo fondo se pierde en el vacío, que está expresando convicción.
Su discurso sobre el año nuevo va descendiendo de intensidad, cuando pasa de repente al momento de los buenos propósitos y de vender humo. “Científicamente se demuestra que cada año mejoramos, nuestras ilusiones nos elevan aún más como humanos. ¡Hagamos cumplir nuestros mejores deseos, que funcionarán!”, dice en un momento crítico de la conferencia para, luego, activar un mecanismo en donde una pequeña puerta se abre en la frente para dar paso a un cañón que dispara un rayo hipnotizador dirigido al público.
El público sale de la breve conferencia sobre el año nuevo frotándose las manos e inundando su mente de deseos positivos y clónicos. Al final, cuando vuelven a sus respectivas casas, se olvidan de todo ello y se meten en la rutina de siempre.
Categorías: El rumor del humor