Con este anuncio a reventar de cutrerío y retórica eficaz pero huera, empieza la larga búsqueda de un viejo timo de los años 90, las pinzas LASVI y uno de los antecesores de la Power Balance como bien sugería un usuario de unos foros que frecuento. Sin embargo, la diferencia es que del Power Balance hay muchísima información circulando, vídeos de prueba e interminables debates de estúpidos frente a inteligentes. En cambio, de las pinzas ésas sólo hay pocos murmullos en la red, siendo estos comentarios vagos testimonios, incidiendo solamente en el recuerdo de ese producto.
Seguramente existían voces comentándose las unas a las otras sobre esa novedad. Y otras voces desconfiadas, rememorando timos aún más antiguos y hasta comentando el absurdo de una pinza en una oreja para remediar el dolor. Sin embargo, esas voces se perderon en el infinito de las memorias humanas, frágiles soportes biológicos. Ahondando un poco más, encontramos un comentario que resume todo lo antedicho, todo lo que se dijo en su momento:
Cuando veía a mi madre con las pinzas puestas se me venía el alma a los pies. El ser consciente del fraude, del efecto placebo, el saber que mi madre lo sabía, pero que se encontraba tan mal que necesitaba creer en algo. Lo ridículo que es hablar con alguien que tiene puesta una piza de la ropa en la oreja; el tener que decir que se sentía mejor; el ver como un día, sin reparar en ello, la pinza desapareció, son cosas que uno debería haber olvidado.
Y lo hallamos en el artículo de referencia si se quiere saber que esa idea aleatoria de un mercachifle existió y formó parte de la teletienda clásica. ¡Copón santo! Trazando, también sabemos quién es ese mercachifle: Carlos Lasvi, acupuntor de profesión. Cavando todavía más, encontramos el nombre técnico para esas pinzas, pinzas de presión auricular. ¿Sus usos? Por si la explicación de Jesús Puente no bastara, he aquí:
Denominadas PINZAS LASVI. Estas pinzas, en forma de media luna, con un sistema lateral de presión, sirven para aliviar las molestias de cuello y espalda. Este efecto se produce cuando las placas superior e inferior de las que se componen, presionan sobre los puntos auriculares donde se refleja la columna vertebral. Prótesis con registro sanitario.
Sí, recuerdo a esos nativos de islas del Pacífico construyendo aviones en honor a John Frum, esperando el cargo que les llevaría a un mundo esplendoroso. Carlos parodiaba cierta retórica sanitaria, esperando que la gente cayera en esa trampa de la plausibilidad que costaba 4.830 pelas, rozando los 35 euros o más de la Power Balance. ¡Sigo! ¡Más, más!
Una firma de abogados, Gálvez Abogados, ofrece la posibilidad de hacer una inversión comercial en las Pinzas Lasvi, ofreciéndonos venderla. Se nos abre un mundo de posibilidades, ¡el banner nunca visto de un timo que buscaba resucitar, incluyendo menciones al mundo tecnológico moderno!

Clic. Fatal clic en cierto enlace que amplía la información. Y tenemos ese manual de instrucciones que, en un par de páginas, advierte del funcionamiento real de las pinzas, hablándonos de reflejos orgánicos en la oreja. ¡Fascinante, oye! ¡Toca un punto de una oreja humana, que varía lo suyo según la configuración genética, y aliviarás las molestias de un punto aleatorio! Vayamos al final del todo, al cuadro azul.
Las PINZAS LASVI tienen como objetivo aliviar y dar una sensación de relajación y bienestar, por tanto no debe en ningún momento dejar de consultar a su médico.
Sí, un aviso legal para quedar bien y no matar en demasía. Aunque si se lee bien, se ve cómo Carlos Lasvi tiene que hacer una concesión: implícitamente es placebo.
Y con todo eso, parece que hemos de apuntar un dato: en ningún sitio, encontramos referencias bibliográficas del funcionamiento de las pinzas. Ni parece que haya una sesuda investigación detrás. ¿No es fascinante? Su currículo parece gordo, pero en Google Académico sólo nos encontramos con dos artículos suyos, no muy citados por lo que se ve. Y buscando “Carlos Lasvi reflejos orgánicos”, nada de nada.
¿Podría ser que busco mal? Sí. Se me olvidó dar otro dato: las pinzas LASVI se basan en la auriculoterapia, parte de la acupuntura. Este artículo la pone a caer de un burro, recordándonos por qué está con otras corrientes médicas de dudosa fiabilidad, y lo que encontramos en el mundo de los artículos científicos no es mucho más alentador.
Tenemos ese estudio cruzado y controlado que demuestra que la auriculoterapia no es efectiva para el dolor crónico, justamente lo que esas pinzas pretenden combatir, preveniéndonos del entusiasmo. Otros estudios probarían que no es tan efectiva. Y que podría tratarse de estimulación nerviosa, simplemente (al pinchar en algún punto del cuerpo, obviamente activas algún nervio). He aquí más resultados.
Acabada la digresión, he de especular con que esos engendros de plástico podrían estar en los más recónditos rincones de algunas casas. Podrían estar en los mercadillos como baratijas, como recordatorio de un pasado en donde Carlos Lasvi, posiblemente, aumentara su patrimonio económico (no he podido encontrar datos de ventas, aunque sí sé que el precio es sospechosamente más alto que un ibuprofeno, que tiene su reacción química y causa efectos en el cuerpo, tanto beneficiosos como adversos: nada sale gratis, de momento). Y los diversos plásticos no parecen ser notablemente caros, incluso cuando son reciclados.
Y eso es lo que hay: se vendió, algunas gentes cayeron y otras avisaron. El eterno ciclo de los mercachifles. Ese maldito ciclo. Esas malditas recurrencias de la amplia naturaleza humana.
