Ké vueltas da la vida, pero ké haces tú
akí, es que ya no te acuerdas,
nos vimos en soweto.
fue una mañana de akel invierno
hostil, en una manifestación, a punto de morir
no sabes si llorabas, de rabia o de
dolor, yo vi caer tus lágrimas entre
sangre y sudor.
Fue sólo ayer cuando el afrikaaner golpeó en
tu sien, sólo ayer, la manifestación,
sí fue, sólo ayer
tortura y persecución, fue sólo ayer,
suplicando de rodillas tu perdón.
¿ahora kién?, kién es el asesino
¿ahora kién?, kién mata sin razón
¿ahora quién?, utiliza las torturas
¡ahora tú! negro cabrón.
Ké vueltas da la vida, pero ké haces tú akí,
esque ya no te acuerdas, nos vimos en soweto.
fue una mañana de akel invierno
hostil, en una manifestación, a punto de morir.
no sabes si llorabas, de rabia o de
dolor, yo vi caer tus lágrimas entre
sangre y sudor,
¡¡negro cabrón!!
Lo que antecede es una fermosa canción, ¿verdad? Digna de ser cantada y oída por el reducto menos extremista, dado que cita el doloroso recuerdo de Soweto, de los seguidores del recién finado Eugene Terre’blanche, padre del AWB, movimiento por la supremacía blanca, la defensa del afrikaans y el neofascismo. O de alguna opción más moderada pero con remanentes de resentimiento.
En su contexto, sería una de tantas reacciones a lo que se puede apreciar en la Sudáfrica de los últimos 15 años. Uno de los países del mundo con mayor tasa de contagio del SIDA, afectando enormemente a numerosos aspectos aunque están mejorando, con un desempleo elevadísimo (sí, superan a España), con nuevas bolsas de pobreza entre blancos que se suman a las tradicionales de los negros, con reacciones insuficientes, con un nivel alto de delincuencia, con actitudes negacionistas del SIDA que perduraron varios años y fueron adoptadas porpolíticos como Thabo Mbeki, expresidente, y delincuencia variada, entre las cuales destacan los abundantes homicidios, la corrupción, el asalto a granjas y los robos de coches.
Se puede seleccionar e interpretar lo expuesto en el párrafo anterior y quedarte lo suficiente impresionado por la lectura de obras como Desgracia, de J. M. Coetzee; todo ello es una causa previa para una indignación desde diversas ópticas, aunque, sin duda, no sería ningún giro de tuerca: emplear recursos artísticos para la crítica social no será cosa nueva, ahí está Aristófanes.
En verdad, lo que viene es una pequeña sorpresa. Esta canción con tono racista no es más que una leve variación de otra. Su estructura, básicamente, casi no difiere con respecto a la original, titulada “Nos vimos en Berlín” y perteneciente a Soziedad Alkoholika. Su letra se puede leer. Y escucharse. Posteriormente, en una polémica reedición de la canción, cambiaron “judío cabrón” por “jodido cabrón”, explayándose, asimismo, en que con “judío cabrón” se referían a los del gobierno y su política para con los territorios palestinos.
Accidentalmente, todo su contenido resulta ser una oda al parlamento de oídas. Para empezar, usa un recurso manido en esas polémicas palestinas, el de estar del lado, intuitivamente, de los débiles. Se crea una hermosa relación maniquea en donde el que tiene el ejército más fuerte tiene que ser, por necesidad, el malo, mientras el débil es el bueno. Se usa, asimismo, un argumento manido, el de comparar a Israel con los nazis, considerado una muestra de neoantisemitismo según la agencia europea de los derechos fundamentales. Grupos tan diversoscomo algunos islamistas usan ese mismo argumento.
Y eso nos retrotrae a un sencillo asunto del cual surgió mi idea. Con qué saña puso negrita en donde “judío cabrón” un tal Proyectosax en Menéame cuando citó esa canción. A Khyros no le gustó y él continuó, erre que erre. Y se unieron otros. Como si se hubiera enquistado en ese condenado debate, con los mismos argumentos que expongo aquí, la misma incomprensión. Y, efectivamente, así es.
Se señala a Israel como el monstruo imperialista de turno, el Coco. ¿Que los árabes llevan muchos siglos en decadencia, desde incluso mucho antes del colonialismo europeo, si exceptuamos puntuales descubrimientos de petróleo?¿Que han traducido menos libros en los últimos 1.000 años que España en el último año? ¡Minucias! Por fin, un enemigo exterior al cual culparle de sus males. Como cuando Cuba tiene el sencillo muñeco de paja del embargo para sentenciar que su economía no va todo lo bien que quisiera por ese factor. Y encima recogieron a los cristianos el testigo del antisemitismo.
Personalmente, de todos esos debates he salido encontrándome con un gran desconocimiento de Israel (lo confieso, yo también desconozco bastante, pero voy aprendiendo) y de la situación. Llamarlo genocidio es una patada a la semántica. Vamos a ver. Asombra la parsimonia con la que muere la gente en comparación con el rápido y eficiente ritmo carnicero del III Reich. De hecho, han muerto muchas más personas por accidentes de coche en los Estados Unidos de 1997 a 2005 que las muertes a raíz del conflicto israelí-palestino, que dura ya 63 años.
Una revisión histórica a machamartillo nos indica que la cosa no es tan sencilla ni la maldad o bondad de ambos bandos está tan marcada. Por ejemplo, tras el acuerdo de Oslo, se pudo ver un apreciable incremento en el número de atentados terroristas contra civiles israelíes. Y que en Israel hay un grado de libertad y crítica bastante apreciable, como se puede ver en la variada composición de la Knesset (parlamento), para nada bipartidista, o medios como el Jerusalem Post o el Haaretz.
Sin duda, la historia es muy compleja. No es nada fácil escarbar, por ejemplo, entre los detalles de lo que pasó en los primeros años del estado israelí y sus antecedentes: según qué versiones, los matices pueden cambiar, jodiendo así la posibilidad de un relato histórico lo más fidedigno posible. Hay que andarse con cuidado, pero lo que es, sin duda, un error es decir que los palestinos, por ser más débiles, son el pueblo bueno. ¿Desde cuándo es sostenible desde la lógica esta perspectiva?
Ved, ved el Palestinian Media Watch y asombraos. Es que no es tan fácil reducir la cosa a mero odio contra un estado israelí automáticamente opresor: a veces no es fácil detectar si hay antisemitismo oculto en una crítica a Israel. Como bien animaba un embajador israelí en Uruguay, ¡leed todo lo que podáis y sed críticos, esforzaos y pensad! No desaprovechéis la larga tradición judía de crítica, reflejada en el Talmud. No os reduzcáis a alabar y citar acríticamente canciones supuestamente vitriólicas que denuncian y llaman la atención, pero que se quedan en la superficie.
