Archivo de la categoría: El rumor del humor

¡¡Me conspirran!!

Y mi dedo, tan graciosete él, decidió señalarme. No se equivocaba, ¡yo tenía que ser! ¡Y me decía que estaba afectado por mil conspiraciones! Decidí glosar. Sí, era cierto. Para empezar, la disposición de mi cuarto. Algún impulso mental me hizo ordenarlo así de falta. Y sé que me lo provocaron desde una máquina sita en la Moncloa, al mismo tiempo que una versión más vieja de dicha máquina decidió, en 1998, enseñarme una lección sobre la muerte induciendo a un viejo al suicidio (se lanzaría desde un cuarto o quinto). Me enseñó todas sus bonitas manchas de sangre. Yo sé que no tuve ni pizca de culpa en la caída de mi radio a la bañera, fueron ésos. Sí, ésos. No sé quiénes son, pero son ésos. Y hacen cosas de ésas. Sé que otra cosa que me rodea, el horario escolar, está diseñada para que… yo, justamente, me caiga redondo de sueño. Hay villanos muy poderosos, allá fuera. Se ríen malamente. Y me tienen inquina, ¿por qué a mí?

Lo sé. Lo siento. De hecho, está en mi pantorilla. Es un maldito móvil lanzándome rayos a sueldo del Gobierno, que quiere a sus ciudadanos… yo qué sé. Después de esos destellos de serie B, siento impulsos de comprar ungüentos, de tener una prosa pobre para redactar frases de la guisa de “De aquellos vaqueros de aquellos efebos sobresalían aquellos billetes con la cara de aquel corsario, fabricados por Sony y sin validez legal. ¡Ingenuos, creían haber cobrado de verdad!”, de consumir sin parar, de comer sin parar, de ser obeso, de tener una vida corta mientras me dan buenos trabajos para que ellos cobren más por los impuestos, confiando en mi honradez, de ir a los peores guateques del país, de “no-disfrutar” con nuestros saraos y un impresionante etcétera.

Yo sé que otra despiadada conspiración se ha encargado de tumbar a mis escritores favoritos en los últimos años, todos ellos escogidos libremente (nótese el matiz). El programa que le impusieron a Douglas Adams en el gimnasio fue criminal. Su monitor ya no se reía con él y, con la anuencia del Estado, decidió planear algo pérfido: matarle de un infarto, el punto débil de todo hombre. Con Kurt Vonnegut fueron más originales y consiguieron que a algunos se nos ocurriera lo de “la paradoja del superviviente de la 2ª guerra mundial que la espicha tras caerse en las escaleras”. Con un avieso programa de investigación, consiguieron conferir vida a los escalones. Y ocurrió: se cayó, dándose en la cabeza. ¡Anatemas! ¡Me quieren robar la cultura!

¡Yo soooooy inoceeeeeeeeente! ¡Noooo teeeeeengo la cuuuuulpa! ¡Me tienen manía! ¡A mí! ¡A UN SERVIDOR! ¡Me odiaaaan! ¡Todo es su maldita culpa!

Y el paranoico huyó al ver a los sepulteros del barrio, ¡es que iban de negro y tenían algo que ver con la mue-te!

El dinero peleón

Corrían tiempos genéricos. Era ponerme en una plataforma algo elevada y sólo me saludaban chicuelos de cara grotescamente rajada y cuerpo desgarbado. Todos ellos, escuálidos y enfermizos, aún tenían fuerzas para chillar. Y sabían a quién dirigir sus críticas, ¡al dinerico! Y encontraron a un portavoz y un líder en mí, un chico que estaba seis centímetros por encima de la media de altura nacional. En variadísimos acentos y estilos la misma cosa me confesaron: “el dinero nos esclaviza a todos”, “si hay un culpable en este mundo es el dinero y sus personas”, “el dinero nos dominaaaaaaaa” (sic), “si el dinero desapareciera todo iría mejor”, “a mi tía la secó el dinero, que la mató al final”, “el dinero es crueldad y esclavitud”, “dinero, ¿qué hay de tus fechorías”, “el dinero nos seca a todos”, “¡dinero malo!”, “queremos un mundo sin dinero”, “dinero explotador” y un larguísimo etcétera de frases que se me olvidarán.

“¡Exigimos respuestas!”, gritaron también en varios tonos y retóricas. Yo les dije “No os preocupéis, os hablaré de cuán malo es el dinero”. Declamé a gusto, mientras se sucedían gritos de ánimo y muestras de valor. Mis cachorros se preparaban para la lucha.

Lo que pasa es que el dinero puede cobrar vida propia, no es inanimado precisamente. El mundo es muy horrible, así que enumeraré unos cuantos casos más, ¡preparaos! ¡abrid bien vuestras orejas! Se han documentado casos de billetes que caminaban por las calles de Bucarest y tenían un patrón aparentemente arbitrario para escoger víctimas a las cuales atacar.

A mí la cara de mi moneda de euro, por ejemplo, me insultó hace tiempo. Nunca hubiera creído que esa efigie me pudiera decir: “¡vaya, tienes una verga corrupta y ridícula!”. Empiezo a sospechar que en la Casa de la Moneda buscan desmoralizar a la grey. Pequeños grupos de yuanes chinos hicieron el gamberro y tendieron en pleno bosque una trampa para una manada de lobos. Cayeron. Se rieron. Una solitaria moneda de peso argentino consiguió destrozar la traducción de un libro de minorías, desgraciando la reputación de aquella editorial minoritaria de San Miguel de Tucumán. Puso palabras como “orejos”, “palisa”, “hovra”, “ommvre”, “lovo”, etcétera. Fueron cientos de errores, ninguno intencionado. Y ordenó imprimirlo, haciéndose pasar por el editor jefe. Se retiró de la casa editorial con una risilla maligna.

Y hace más de cuatrocientos años, un grupo de doblones se encargó de hundir varios barcos piratas en el Caribe. Querían practicar la piratería a la inversa. ¡Oh… pero si te veo, desgarbado! ¿No eras el que decías que el dinero mató a tu tía? Pues sí. Esto ocurrió en Villafranca de la Sierra. Y el asesino fue una moneda de diez mil pesetas que utilizó a su hermana, un billete de cinco mil, para comprar una poderosa soga. El resto ya te lo imaginas. Tu tía, con cara morada. Ah, ya… Más, más. En Minnesota, muchos billetes de cien dólares cogieron picos y trataron de crear un agujero mayúsculo, pero no pudieron. No daban para mucho. Ah, no recuerdo más.

Tenía un libro grande, muy grande, sobre lo malo que era el dinero. Recogía casos como los que he mencionado y debidamente documentados, pero se perdió en un incendio causado por mi billete de diez euros, que decidió salir de mi cartera en un día de calor sofocante. Todo eso lo cito de memoria, fue lo poco que pude guardar. Oh, ya he terminado con mis palabras… veo que rabiáis a aplaudir. ¡Mucha suerte con lo que vais a hacer!

Yo, que sabía algo de Economía, les mentí… ¿Debería sentirme mal? Estaban muy desesperados. Querían una versión simplificada de lo que pasaba en el mundo, deseaban ávidamente su ilusión de control. Qué demonios, me gustó mucho cuando me lo agradecían de todo corazón y se quedaron prendados de mi verbo. Les di lo que querían, simplemente. Querían tener en sus manos ese sesgo de confirmación. Si hubiera sido más realista, ellos protestarían porque no les daría lo que querrían oír. Qué demonios, me sentía líder y me quería ahorrar problemas.

No miren a los Apollos, ¡que nos timan!

Notita de la vida real: Estuve en el Space Center de Houston. Vi algo de la historia de la NASA. Y me acordé de vosotros, conspiranoicos lunares. Os quiero mucho. Esto va para vosotros, mercachifles. Os enseñaré cuán útil es el solipsismo que practicáis.

Usted… usted… tenebroso hominino. Sabrá que hay muchos valientes trabajando para desentrañar la verdad del Apollo XI. Y queremos demostrar que el hombre no llegó a la Luna, ¿verdad? Estos esfuerzos hacen mella. Consiguen desengañar a algunos, de mente fácil. Sí, pueden convencer. Pero hay muchos Tercos, guiados por la manecita de la clase dominante, que se niegan. Bah, ciegos.


¡Qué obra maestra del Séptimo Arte aquella!

Seamos tercos también, pues: que muchos se quedan en una sola misión y a vivir la vida. Muchos creen que la NASA acabó su bestial labor pedagógica con el viajecito de Collins, Aldrin y Armstrong. Lo dicen porque es la misión más conocida. Pero si se centran en esos derroteros, yerran: la broma fue bastante más bestial y larga. ¡Si duró más de cinco años, hombre!

Fue la mejor película de todos los tiempos. Contó hasta con momentos de tensión, como cuando el Apollo XIII se desgració. Fue la escena de una explosión más perfecta de la historia: no hizo falta ningún trabajo de posproducción. Un one-hit wonder de los actores, una de esas cosas que se improvisan. Casi hay tragedia: descansarían en el Pacífico, cerca de samoanos. Hubo enemigo, el soviético. “Fue extraordinario”, dirán muchos Tercos. “Sí, un extraordinario timo”, apetece ironizar.

Para rematar, cumplía a la perfección con el clásico guión del hombre que empieza por abajo: alguien hace algo admirable, el prota ve y quiere superarle, se lanzan muchas misiones, fallan al comienzo para mejorar al final, etcétera. Contó con maestros de la era como Kubrick. Nuestros escépticos le están sacando fallitos, como las sombras lunares o esas piedrecitas, también comunes aquí. Pero… en aquestes tiempos, ¡cuántos cayeron!

El acabóse. En 1972 vimos los créditos. Se nos dio como golosina la Canica Azul.

Mentira. Esto es mentira. Si miran las pruebas, verán que es una extraordinaria creación artística. Se basa en una foto que una misión no tripulada tomó, desde luego. ¡Malditos, jugáis con la ontología hasta el final! La última frase fue “Esto es muy caro, se acabó el programa”. ¡Cuánto fariseo pululando!

Estos Apollos hicieron grandísimas cosas. Demostraron la enorme calidad de nuestros simuladores espaciales. Fabricaron perfectas piedras lunares, admiradas ingenuamente por muchos que se pasan por el Space Center, templo en el que se entroniza la malvada oficialidad y la credulidad. También probaron la enorme capacidad del cerebro para construir ilusiones: aquellos despegues que presenciaron eran inventos del cerebro. Nunca ocurrió alguno.

Para acabar, el meollo: los poderes oficiales pueden manipular la ontología, elaborando perfectos engaños. Lo que hacemos nosotros es redescubrir los códigos secretos de ese trocito filosófico. Simplemente necesitamos echar mano del relativismo radical, el solipsismo y el escepticismo extremo, armas poderosas. ¡Y a la lucha!


Más tarde, podríamos hablar de la verdadera cara de la NASA: una tapadera de temática espacial para la mejor productora de cine de todos los tiempos, un imperio ultrasecreto que supera a MGM o Fox. De dos obras magnas del engaño, Challenger y Columbia. Catorce muertes fingidas para impactar al pueblo, desde luego. O de la invención, por parte de una élite, de la Unión Soviética. Sería un falso señuelo para el falso estímulo de los Estados Unidos.

Pero pueden estar felices. El Apolo es buena parte del iceberg. Tenemos numerosos documentos que corroboran el timo. No los exhibimos… podríamos ir a la trena. Si un mortal nos lo pide, los damos. Y que mire, hala. ¡Pruebaaaaaaaaaaaas, teneeeeeeeeeeeeeeemos pruebaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas!

Crecepelo Juan os lo agradece, hermanotes.

Érase un comienzo del 2009. Las tardes de junio del 2008, en donde, antes de ver a Iker Casillas hacer pesas con una Eurocopa, veíamos mogollón de banderas, parecían olvidadas. Se accionaban mecanismos: “¡facha españolote!” o se miraba inusualmente al que colgara una solitaria bandera española entre los yermos balcones de la barriada (¡entera!). Acabábamos de nacer. Afirmábamos (¡y es verdad, hermanotes!) que con nuestro crecepelo el pelo de uno podía cubrir el barrio entero. Éramos unos caracteres en el registro mercantil: algún funcionario se reía en privado al mirarnos en la lista.

Nos soltaron unas animaladas. Decían que éramos mercachifles. Que el negocio del crecepelo estaba caducado: “¡si esto ya acabó hace varias décadas!”. Que lo nuestro no tenía mérito, que operábamos en un campo de empresas cadáveres. Que éramos fachas. ¡Y difundían insidiosos rumores: “los del Crecepelo Juan, en principio, pensaban vender su crecepelo sólo a los españoles pero al final tuvieron que rectificar por discriminación”!

Muchos enemigos, muchas carcajadas. Pero, entre tanta insolente difamación, nos hicimos fuertes. Fuimos la mayor empresa de crecepelo del mundo. ¡Y eso que no pensábamos en ninguna expansión internacional! Meses de calma chicha. Meses vendiendo crecepelos sin parar. Meses viendo la roturación de España para cultivar buenos patriotas. Y hemos convertido a los calvos en una especie casi extinta.

Y cuando Puyol acertó en el alemán, ¡pudimos gritar “CRECEPELO JUAN, EL CRECEPELO 100% ESPAÑOL”! Cuando Iniesta se esforzó por reventar el balón con su puntera, volvimos a gritar. Silencio. Retumbos. Hoy hay más patria que antes. Mucha más. Quizás las correrías de España ayudaron, pero nosotros también ¡lo hicimos! ¡CRECEPELO JUAN, EL CRECEPELO 100% ESPAÑOL!

¡La vuvuzela mata!

NOTICIA ORIGINAL: Una mujer se quebró la garganta en un concurso de soplar vuvuzelas

A South African woman ruptured her throat while taking part in a vuvuzela-blowing competition, but said Friday she was recovering with no permanent damage.

“It took about two days to heal, by Monday I was feeling fine. I just hope there is no permanent damage, but it doesn’t seem like it,” said Yvonne Mayer from Cape Town, according to the Sapa news agency.

She joined the impromptu competition on the opening day of the World Cup in Cape Town. At the time, she thought the burning sensation in her throat was a cold.

After the match, her throat started burning even more, and the next day she went to the doctor.

“The doctor was really enjoying it, he just kept laughing at me and said it was his first vuvuzela injury,” said Mayer.

Her physician, Scott Barker, said the wound worsened because she kept blowing after the initial tear.

Mayer blamed her own poor blowing technique and said she was now “a bit nervous” about trying it again.

The instrument drew fierce criticism for drowning out fans’ singing in stadiums, hindering communication between coaches and teams, and for dominating television coverage. Experts also said it could cause permanent damage to hearing.

Fuente original.

Sí, una mujerecita se rasgó la garganta tocando la vuvuzela, mal instrumento como bien sabe el Testigo de la Jabulani, y sabemos eso gracias a un medio estadounidense y muchos otros. No obstante, también sabemos que hoy podemos fabricar tan bien mitos como antaño. Sólo que en vez de “narraciones populares”, tercia denominar eso como “leyendas urbanas”. Las regiones cerebrales del mortal medio están más ocupadas gracias a mitos como Shaw Lumumba, el militar mutante y mercachifle. La cultura general ha aumentado. De vez en cuando, algunos pican. La Historia se recicla.

En base a ello, podríamos crear, mientras estamos en plena tempestad mundialista, una novísima leyenda urbana. Lo tenemos todo: una vuvuzela, instrumento odiado por muchedumbres enteras, un medio de comunicación conocido, ganas de ser sensacionalista y una mujer a la cual le pasó algo con el instrumento. La verdad es anodina. Exágerala. Una propuesta sería:

No sólo es molesta la vuvuzela. Hemos descubierto que causa cáncer. Fox y muchos otros medios han recogido la noticia de una mujer que sufrió un cáncer de garganta tras un concurso de vuvuzelas. ¡¡TEN CUIDADO!! ¡AUNQUE SEA POR CURIOSIDAD, NO TOQUES LA VUVUZELA NUNCA! ¡¡ES CANCERÍGENA!! ¡FIJO QUE TE MATA! ¡AÚN NO HAY CURA!”.

Naturalmente, en dicha historia habrán lunares. Es provisional. Hay que mejorarla. Hay que emplear un estilo más creíble. Hay que cambiar la prosa de tal manera que se acerque más al consumidor incauto que confía en sus amigos, quizás incautos también. Hay que jugar con la cercanía de los asuntos actuales. Habrá que estudiar mercadotecnia, quizás. Habrá que colgar la ética en un ropero. Tenemos más de 1,5 millardos de internautas. Y quizás encontremos millones que aún son inocentes o estúpidos. Quizás un hilo de babilla caiga: hay negociete o hay ganas de reírse de “aquellos pardillos”. Quizás conozcamos desde dentro el nuevo modelo de presidio, que viene a sustituir al viejo panóptico. ¡Echad a volar la imaginación, que hay que timar!


Que los colores no te embauquen,

CAUSA CÁNCER

Conspiranoia polaca

Un avión con parte de la cúpula dirigente polaca se ha estampado contra el duro suelo ruso, no hace falta que nos extendamos: no seamos voceros de la agencia EFE. De lo que se trata es de construir pajas mentales, que los elementos son muchos. Y el tema de hoy, aún muy caliente, parece que tiene los elementos suficientes como para construir diez nuevas teorías conspiranoicas. Aquí sólo haremos un planteo.

Infowars, la CNN conspiranoica, se ha adelantado ya (¡faltaría más, elucubrando, ignorando el método científico y planteando conexiones!). Con qué donaire ha conectado la devaluación del zloty (moneda polaca) con tal de beneficiar a exportadores como la Unión Europea, “cabreando” así a la Madre Rusia, con el accidente del día siguiente justo en tierras rusas. ¡Y al final, comentan que el New World Order quiere a buenos jugadores en equipo! ¡Y Polonia, devaluando, no lo es! ¡Así que… a escabechar al “presi” y tal! Falta el súpervillano, que probablemente haya construido, a las órdenes de Putin, un imán subterráneo muy pero que muy fuerte (no demos cifras exactas ni sometamos esto al escrutinio de los malignos científicos de coco clausurado) para atraer al avión y que éste se estampe. ¡Lo que pasa es que en esta bola azul el malo, malísimo, no es como en los dibujos animados de mi niñez: se disuelve en una organización mastodóntica!

¿Accidente de avión? ¿Esperar a lo que diga la caja negra? ¿La irregular reputación de los Tupolev (según la Wikipedia, más de 600 muertes en accidentes de este avión en los últimos 8 años)? ¿Que el piloto haya errado? No importa. Dejemos en el basurero de Valdemingómez el método científico, esa cosa creada por los Chuminati (discúlpame, te replico el vocablo, Dotor Matriss). Busquemos la Apertura de la Conciencia V, concentrada en los magníficos libros de Deepak Chopra, los escritos periodísticos de Rafael Palacios, las numerosas evidencias sobre la Tierra Hueca, Etcétera™. Recordemos: “La Verdad está en nuestro cerebro, no en los agentes externos. Abramos nuestras conciencias ante lo que se avecina”. ¿Que tenemos que probar? ¡Anda y que te zurzan, malvado Chuminati! Tus desmanes los pagarás caro. Carísimo. Muy caro. Con dinero-deuda.

Elementos para la conspiranoia

¡Ryszard Kapuściński!. “Difamó” (entrecomillemos, que no queremos dar guano a Putin) a la Madre Rusia en su libro El Imperio (dijo, por ejemplo, que Rusia estaba llena de terruños aburridos, que tenía una mentalidad imperialista -aunque citara a terceros-, que la URSS no fue para tanto, explicó los procesos nacionalistas de las antiguas provincias del Imperio Ruso, habla de la rusificación como algo infructuoso, etcétera). Lo pagó muy caro. En su biografía oficial se menciona una “enfermedad grave” que lo mató, aunque no especifica cuál es (podría, podría: el mismísimo Putin podría haber enviado alguna sustancia a su casa, podría, podría. ¡A saaaaaaaaaber!). Con él empezaron, por segunda vez, los males de Polonia en su relación con Rusia.

¿Y la primera vez? ¡A lo largo de varios siglos! La Rusia de los Emperadores siempre soñó con Polonia, siempre ansió tomar esas tierrecitas. Siempre envidió su vodka. Y la Unión Soviética, también. Hasta pactó con Hitler para hacer de teta derecha y ahogar, a modo de insinuante escote plurinacional, la voluntad polaca. Luego vendría el control comunistilla, ¡”zombificados” por los soviéticos hasta que Lech Walesa agarró la escopeta y les disparó! Unos kilómetros cuadrados consonantes y sonantes más para el terruño de un imperio está bien, ¿no?

¡Más, más! Rusia ahora debe estar ganando poder, mucho poder. ¡Un actor político determinante para el NWO! Y cómo vende los Tupolev que le sobran a Polonia. Sus servicios secretos deben trabajar para convencer a los polacos de que utilicen esos aviones de broma en viajes oficiales. Ea, se cabrean si Polonia mira a Europa Occidental. Ea. Y parlotean. ¡Y esos ateos rusos…! Como miembros del Chuminati, que se construyó en Alemania para combatir al cristianismo, deben centrarse en eliminar presidentes conservadores. Controlarán todos los factores: comprarán controladores aéreos, se asegurarán de invitarles a todos los eventos posibles, intentarán construir relaciones de dependencia, etcétera. ¡Y no me salgan con la Navaja de Occam ésa, que les rajo con la de Albacete!

Hala, tres inmundos párrafos que deberían servir como meros elementos para construir una conspiranoia con el accidente. ¡Abrid la cabeza! ¡Que se os caiga el coco! ¡Declamad!


Por cierto, Rafael Palacios sigue siendo el conspiranoico más intrépido de Iberia. Temo haberme quedado rezagado, aunque aquí declamamos con risas de fondo. ¿Ahondará mañana en el asunto?:

PD: Lo del presidente polaco tiene toda la pinta de un asesinato Iluminati. Polonia se oponía al matrimonio gay y a las vacunas mortales. Parece que se estaba acercando a Rusia…

Iluminati. Sí, Iluminati. Ahora el señor Alberto ha empleado un código secreto. Ha hecho de “piloto inexperto”. Ha estrellado el avión. No ha muerto, ha dejado una copia de sí mismo en su casa argentina.

El club Kevin en España: un análisis del percal

Hace una respetable cantidad de años, una menesterosa de unicidad, ¡una Jennifer más!, pergeñó una de las ideas más bestiales de los ‘brillantes’ EEUU (en el magnífico año 1996): La Sociedad para evitar que los padres llamen a sus hijas “Jennifer”. Se basaba en que la televisión había enviado una ingente cantidad de mensajes instando a ver como algo molón lo de llamarse Jennifer, nombre chirriante en un principio; amén de argumentar que este nombre anulaba, en parte, la unicidad de la moza que tanto pregonó la Ilustración. Y pontificaba, casi al final, que de tantas “Jennifer” y sus derivaciones… el mundo conocido se dirigía hacia la catástrofe.

Estamos injertos en el siglo XXI. Lo mismo ha ocurrido con el nombre de Kevin en esta España: a más Kevin, más destrucción, ruinas, fuegos, decadencias de los diversos sistemas educativos y tinieblas: desde que los padres creyeron que Kevin era “buen nacimiento” y sinónimo de chaval despierto, promocionado por la sucia propaganda pseudocientífica y, ¡naturalmente!, la influencia del cine yanqui. ¿No es acaso cierto, como mostrará esa tabla sacada del INE, que la generación de los 90 es sinónima de tinieblas y oscurantismo mental?:

Viendo esta tabla, podríamos describir un crecimiento brutal de los 80 a los 90, casi como el incremento de la población mundial en los últimos dos siglos. Pensemos en el sistema educativo, que no ha parado de decrecer desde los albores de la década de los 90 -justo cuando los Kevin que iban saliendo del útero se preparaban para un comienzo de milenio sombrío que, a la larga, se cumplió: se unieron a las diversas sectas bakalas del país, vacías en contenido ideológico y sin afán por mejorar la nación, aparte de engrandecer la delincuencia juvenil nacional; muy pocos salieron despiertos y con los sesos operativos-. Sin embargo, el falso progresismo implícito al adoptar nombres extranjeros (Jesús también lo es, no lo olviden), provocó que en la sociedad el nombre “Kevin” sonara “bien”. Y durara lo suyo en esta era de gilipollismo posmoderno.

¡Y aún se notan sus consecuencias! Les contaré una anécdota cualitativa de lo que significa esta ida de olla de la sociedad en su conjunto: Lo “guay” que es el llamarse Kevin infecta hasta a mentes excesivamente adultas como Sergio Sauca (individuo constituido en 1963), comentarista de la UEFA Champions League, del cual dicen las malas lenguas que llamó al respetable Wayne Rooney “Kevin” Rooney (sic).

No obstante, ¿qué sería de un análisis del percal sin su solución? Debemos ser consecuentes con los derechos humanos: ni un solo Kevin será escabechado, sobretodo porque podemos perder a alguien despierto de veras. Optaremos por la brutal idea de romper la rótula a todos los Kevin si no se cambian el nombre inmediatamente (además de ser barato el método: un martillo y pocos meses en chirona). Este año la cosecha será escasa, pero nos hincharemos a romper rótulas en los próximos años… cuando la mayoría se hagan mayores de edad. ¡El funcionariado se hartará del nombre Kevin, yeah! ¡Y todo podrá volver paulatinamente a la realidad!

Por último, oigamos a dos enormes autoridades en el tema, dos sujetos que me han hecho aplaudir y ya:


Lord Kelvin, que es uno de esos hombres muy sabios y que dan confianza por salir en retratos arcaicos representando al avance científico mismo, amén de una frondosa barba, pontificó muy bien, creo: “¡Estoy harto de que esos falsos admiradores míos omitan continuamente la ele de mi nombre para pergeñar ese nombre odioso que se hace llamar Kevin, azote y repulsión de todos los cuerdos! ¡Cómo deben estar sufriendo los vástagos!”.


Pepito Inocente, celebrando estos albores de abril, ha declamado: “¡Kevin! ¡Cuánto sufrimiento para el oído del castellano medio! ¿Es que no véis, acaso, que este nombre sólo hace sangrar al oído con refino? Bah, ¡qué cosas digo, si todos vosotros habéis optado por mandar al guano el oído refinado para…!”. Sólo me queda aplaudirle, ¡es de los míos!

PD: ¿Futuro? ¿Qué futuro hay? Al menos parece ser esperanzador: la membresía del Club Kevin en España cada vez crece a menor velocidad, parece que sólo sufrimos un bache y ya.

Porno HAARP

Toca hablar sucintamente del High Frequency Active Auroral Research Program, cuyas funciones son todo un ejemplo de asepsia científica, como uno podrá saber en este esclarecedor artículo de MalaCiencia y en la web oficial del HAARP: es un proyecto científico con el objetivo de estudiar las propiedades y el comportamiento de la ionosfera (lo cual puede contribuir a comprender mejor por qué en ocasiones los satélites no funcionan o ayudar a crear mejores sistemas de comunicación internacional, por ejemplo), ha contado con la colaboración de diversas universidades estadounidenses, sus antenas son fijas y no se pueden orientar a cualquier punto, la potencia de lo que emiten sus antenas es muy inferior a cualquier radiación solar y demás detalles que uno podrá hallar si profundiza: esto sólo pretende ser introductorio.

Como ven, en principio no parece ser digno de grandilocuentes paranoias. De hecho, en Rusia (SURA), Noruega (EISCAT) o Perú (ROJ) hay proyectos similares. Sin embargo, le ha tocado al HAARP, vinculado a la primera potencia mundial, ser otra víctima del fenómeno fandom. Una patulea de admiradores y detractores se ha lanzado al ejercicio de la imaginación, como quien especula con la historia del FF 7 y figura historias nuevas en donde se aclara la relación de Cloud con Tifa, la resurrección de Aeris, los orígenes humildes de Barret, se añaden incongruencias al guión o se especula con la verdadera utilidad de los Soldados 1/35.

Como las webs de fanfics y fanarts que dan buena cuenta del sinfín de material relacionado con la saga Final Fantasy, mientras demuestran ser un erial en lo que respecta al pésimo The Mission, en donde hay que tener una imaginación inusual para conseguir elaborar un buen relato sobre un grupo de futbolistas que van a recuperar el balón GeoMerlin, el fenómeno HAARP ha estado repleto de figuraciones. Veamos: tenemos una bella leyenda chilena que trataba de pasar a dominio público pero fracasó, Rebelión decidió dejar pasar un relato mitológico sobre lo de HAARP (en consonancia con medios como Radio Venezuela), un fan de los Transformers extendiendo su afición a un campo de la realidad o la web Solidaridad tratando de demostrar que el HAARP se encargó del entuerto conocido como tsunami del quince en el Índico (2004); todas estas leyendas han tratado sobre fenómenos conocidos revisados a la luz del HAARP (¿quién se va a molestar en reseñar un terremoto africano sin repercusión mediática?).

En este think tank de mala muerte que es la bitácora, he decidido continuar con esta ola de creatividad. Y me he lanzado a figurar una película que recordará los horrores del HAARP. Ahí tienen la ficha técnica.

SEXO HAARP

[ Cartel no disponible ]

Título original: Amore HAARP
Duración: 27 minutos
Fecha de aparición: 2003
Nacionalidad: Italiana
Director: Giuliano Verceotti
Actores: Maria Vicenzo, Victor Domenico, Antonio Rosetti, Bruno Fulci, Daniel Lombardo y Maria Tosca.
Argumento: Érase una pareja de pichoncitos que se amaban en el parque, en la piscina, en el aparcamiento y en donde fuera… hasta que algo cambió. El macho se desentendió del cariño y empezó a conocer las bondades del sexo salvaje. Dañó bastante a la hembra, que pudo huir en un despiste y descubrió que todo esto fue culpa de las radiaciones del HAARP. ¿Conseguirá, junto a sus fieles amigos y enemigos, viajar a Alaska y destrozar las instalaciones del HAARP?

Tiene segunda parte, pero la figuraremos posteriormente. Giuliano repite en la dirección, están avisados.

Pulseras, reprimidas por fuerzas externas

Siempre hubo una cohorte de pérfidos aguardando en los más mugrientos rincones de la Nación™: de la primera cianobacteria que murió en las más primitivas tierras españolas… falleció para no trabajar, la muy lista. Al último: el barbudo que comanda el PP. Entre la portada y la contraportada, mientras pasamos las páginas, hallaremos una miríada de destructores de España: dinosaurios carnívoros, mamíferos que la palmaban y tal, tribus irresponsables que arrojaban los huesos a sitios indebidos, sociedades primitivas que se dejaron derrotar por la última vanguardia en imperios, cruzadas, reyezuelos de serie B, el turnismo del siglo XIX, Francisco Franco y… Aznar, entre otros. Para todos estos seres salió un opuesto que remediaba la cosa, ¡para esta nueva afrenta a España, en donde un juez yanqui nos prohíbe vender una pulsera mágica, aún no han hallado opositores! Me postularé yo. Defenderé apasionadamente nuestra soberanía.


El ser que nos cortó el libre mercado en los EEUU, el que fue directo al corazón de Adam Smith y Huerta del Soto.

¡Perfidia! ¡Maldición! ¿Qué veo? ¡Qué cosa! ¿Y a qué se debe tan breve tormenta de anacolutos? La senectud del juez que ha golpeado con fuerza y alevosía el martillo para lanzar unos, nada ponderados, resultados… ¡malditas arrugas! ¡que se te estropea el cerebelo, juez de pacotilla! ¿Quién te ha arrojado grotescos sacos repletos de monedas con unos cuantos centavos de valor? ¡Reeeeeeesponde! ¡No nos contentamos! ¿Publicidad engañosa dictas, oh cacho de pérfido? ¡La pulsera nos funcionó! ¡A mí y a los 46 millones de españoles que me siguen! ¡Se nos marchitó para siempre el cáncer, oye! No puede ser que tengas tan escaso sentido común, miembro venerable del tribunal. No puede ser… miras de reojo a la ciencia oficial, que te guiña. ¡Seguro que el niño que te robó el bocata te hizo perder tantos, tantos, tantos, tantos, tantos, tantos iones positivos que ya ninguna pulsera te los puede reponer! ¡Resentido!

Vaya, más anacolutos. Avanzo. Para que vean la perfidia, caballeros, les traduzco un pedacito de la sentencia:

El tribunal consideró que las reclamaciones de alivio del dolor de tipo hechas por los acusados deben ser apoyadas por evidencia científica competente y confiable que consiste en al menos un bien realizados, controlados con placebo, randomizado, doble-blind clinical study. El tribunal sostuvo que la FTC satisfecho la carga de la prueba de que los acusados no tienen o confiar en ninguna de tales datos. El tribunal también dictaminó que las reivindicaciones no fueron apoyadas, aunque algunos estudios demostraron que las pulseras tenido un efecto placebo, señalando que, por un placebo para el trabajo, “el consumidor debe ser engañado” y que “el anunciante debe engañar a los clientes haciéndoles creer que una pulsera intrínsecamente ineficaz realmente alivia el dolor. “

Como ven, cientos de anacolutos, pleonasmos y solecismos puede hallar uno. Y a la ira dará lugar, ¿por qué nos odiarán tanto? Ah, claro. ¡Pusimos nuestros piececitos primero en los EEUU, cuando Colón embarcó! ¡Ellos, ingleses, quedaron tarde! ¡Eso es lo que les jode! ¡Les jode que vendamos cositas españolas por allá! ¡Jo, jo, jo, jo, jo! ¿Y la clínica Mayo, con el cerebro lo suficientemente reseco como para cargar contra Nuestra Nación®? Inquina documentada acumulan. Y a partir de ahí, ¡escogen nuestras investigaciones! ¡Aaaaaargh!

Señores, yo me aprieto las muelas. Supuro odio. De las encías, emana sangre. Más sangre. La justa correspondencia a tamaña ira. ¡Reforcemos nuestro propio mercado y ganemos obscenos beneficios con las pulseras milagrosas! ¡Para vengarnos! ¡Para conseguir tanto dinero como para comprar los EEUU! ¡Bwahahahahahahaha!

El sino de la Verdad.

“Piltdown is my man! My man! And isn’t a myth!”
- Comentario de una chica ¿británica? en la bitácora de Rafapal (no recuerdo qué entrada). Fue eliminado, por cierto.

En las últimas semanas, me he metido entre pecho y espalda tres elementos que, combinados, resultan fatales: divulgación científica, escepticismo racional y conspiranoia en enormes lotes. Sobretodo la conspiranoia, bello hervidero de troles. Donde un servidor puede contemplar en acción lo mejor de la falacia y el retorcer de la palabra hasta límites enfermizos, amén del hipócrita uso de la palabra “ciencia”. ¡Hermosos clones de los religiosos nos han salido! ¡Esa secularización necesita mejoras! Y qué decir de esas invocaciones a Galileo. Ahora tendré que darle un nombre, argumentum ad Galileo. Oh, ¡pero si ya existía el nombrecito de hace muchos años! ¡Soy el ser menos original del mundo! En fin, qué decir de… [brusca interrupción mía, ¡ya he despertado!]

Me disculpo por la tormenta de pérfidas mentiras que he soltado en el anterior párrafo. Me disculpo de veras, desde la válvula aórtica. Ahora les enseñaré un extracto de la Verdad, uno que me pasó un contacto anónimo de gran presencia en la cara oculta de la ciencia. No se preocupen por las contradicciones, el Escuadrón de la Mentira y la Muerte [FBI] se empeña en señalar esos nimios puntos para desacreditarnos:

El Hombre de Piltdown, verdadero protagonista de esta historia contada por un servidor de ustedes, alguien al cual le van a matar mañana mismico al atardecer, estaba solito en su caverna. Tenía una serie de ideas bien formadas en su cerebro, tan listo como el Homo Sapiens Sapiens reptiliano de clase alta -en resumen, el Club Bilderberg-. Podía escuchar la radio gracias a un motor de movimiento perpetuo que él fabricó con sus manos -eran tierras remotas; las petroleras pasaban de ellas por no tener “chicha” en el subsuelo, amén de estar en uno de los sectores más remotos del interior de la Tierra Hueca-.

A su radio no le faltaba nada de nada: los shows de Alex Jones, uno de los pocos Homo Sapiens Sapiens no-reptilianos y el más sabio sobre la faz de la Tierra “Normal”, Zeitgeist narrado (versión radio) por el mismo Peter Joseph, Las Diátribas del Planeta Global, llevado a cabo por Hal Turner, Exociencia Rápida para Novatos, por Rafael Palacios y Rafael Guerrero, “Aprenda a Construir con Nikola Tesla”, por Anónimo Justiciero VIII (aclárese que estaba muerto, sólo pasaban capítulos repetidos) y demás exponentes de la Verdad, totalmente desnuda en la Tierra Hueca.

Oh, no tilden de primitivo al Hombre de Piltdown. Con su coco y su maña, se construyó también un teletransportador universal de bolsillo (“Lo debo todo a la exociencia y al Tesla ése”, me contó aquel hombre raro mucho después, cuando le vi por Madrid). Y lo usó. De su enclave en la Tierra Hueca, apareció en Washington D.C, presto a exigir respuestas “a los hombres detrás de la cortina”, que no era más que el Senado Estadounidense al completo (todos ellos reptilianos, he de aclarar).

Pero, cambiando de idea rápidamente, el Hombre de Piltdown se fue a la ciudad utópica que había cerca de Washington. Dejaría lo de interrogar a Obama para luego, quizás muuuuuuuucho después. Era uno de los hijos del Proyecto Venus. Bonita ciudad circular con mucho árbol junto, sin duda. Ahí, el Hombre contempló y dijo: “¡Maravillóme! ¡Maravillóme!”. Más se maravilló él cuando vio que le habían preparado una casa, reconociéndole así su personalidad única. Jacques Fresco discursó: “Y es todo un honor que el Hombre de Piltdown esté con nosotros. Era hora de que un habitante de la Tierra Hueca nos visitara y nos comunicara vía radio, a través de sus sentimientos, la veracidad de dicho mundo. Le hemos preparado una casa. ¡Un aplauso para él!”.

El ego del Hombre de Piltdown, una construcción autónoma, se recargó (no olvidemos que en un principio era un humanoide distinto a todo, ahora era aún más distinguido por las partes electrónicas que se había insertado en su cuerpo -¡con la seguridad y garantía de Nikola Tesla y Josef Papp!-). De paso, entró en armonía con el 81% del Universo y abrió su octava puerta del Alma, reservada a unos pocos. Yo creo que éste fue el motivo por el cual el Hombre de Piltdown tendrá muchísima suerte en los años venideros -y estoy amparado por las tesis de V. M. Rabolú-.

Tras todo esto, entró en su casa. Y le ofrecieron unas cuantas suscripciones adaptadas a su gusto: The Flat Earth Society, The International Jew, Año Cero, Jaque Mate, La Revista Exocientífica Oficial de Starviewer, Contraperiodismo Matrix, Granma, Radio Islam, Answers in Genesis, LaRouche Political Action Comitee, Pon tu sabor local en el NWO y Mortadelo y Filemón. Las aceptó todas, sin dudar ni un momento. Y pudo gozar de las bondades únicas de la innovadora habitación todo-en-uno, ¡ese olor a pescado más excrementos mientras dormía!

Caminó el Hombre de Piltdown y en sus manos se halló con su libro PERFECTO, El Protocolo de los Sabios de Sión. Lo leyó y se dijo: “Así que una conspiración judía para destruirnos. Interesante, ¿eh?”. Salió el Hombre por el único camino que conectaba la ciudad utópica con el exterior, una autopista típica estadounidense (en los primeros kilómetros, no había coches). Encontró puestos de venta dispuestos ahí “para joder”. Pregonaba un ser llamado Dotor Matriss y gorda fue la sorpresa: a pocos metros de los yacimientos de orgonita, situados en los laterales de la carretera, vendía Piedras Gorgon con el objetivo de ampliar la mente. Vio el Hombre de Piltdown. Grotesco le parecía, ¿¡golpearse el cráneo para eso!? Y dijo: “No”. ¡Con qué aplomo, seguridad y tenacidad lo hizo! ¡Con qué…! ¡Por eso siempre estaré a tus pies, glorioso ciudadano de la Tierra Hueca! Y os lo digo como narrador que ha comentado las andaduras de un porrón de personajes. No hay ni habrá una réplica exacta de aquel Hombre de Piltdown.

Siguió andando y se dijo: “Peter Joseph me habló de David Icke, un ser que, según él, estaba en todas partes y acudía siempre puntual a su cita con la Verdad. La verdad es que debe estar cerca, al menos siento su frecuencia”. Cientos de metros más allá. Piltdown gritó: “¡Una silueta, una silueta!”. Y se la encontró por la acción temporal de la exociencia (teoría desarrollada en secreto por McManus, nuestro nuevo héroe): “algo parado y uno moviéndose. El tiempo, entendido como concepción lineal, hace lo suyo: El Uno y el Algo tienden a encontrarse juntos cuanto más segundos transcurran. Así sucede siempre”.

Así quedaba la cosa: Piltdown e Icke, juntos. Era definitivo. Icke le habló de su nueva teoría, esta vez infalible y sobradamente probada, “hay en lo que creemos que es el Senado Estadounidense un grupo de mortales trajeados que comen eternamente pollo. Y en el círculo superior, una isla flotante que los Homo Sapiens Sapiens reptilianos como los de mi pueblo nunca verán. Ahí se reúnen los Verdaderos Amos del Mundo”. Asintió el Hombre de Piltdown. Icke, encantado, pregonó: “¡Qué gozo haberme encontrado a alguien como usted! ¡Un hombre muy diferente, uno que no es reptiliano! ¿Podría votar a Ron Paul, por favor?”. Volvió a asentir Piltdown. Se dijo: “¿Y ese Ron Paul? Parece bueno…”.

Pero no, ¡lastimica! ¡hombres tan valientes como él no podrían votar por Ron Paul al carecer de nacionalidad estadounidense! En fin, al grano. ¿Sabéis? El Hombre de Piltdown siguió caminando. Y volvió a Washington, capital del Poder. Para gozo nuestro, se halló con el Pueblo exigiendo respuestas a la pregunta: “A ver… ¿quiénes nos gobernáis de verdad? ¿Los judíos, los Illuminati, los Reptilianos de Andrómeda, la Mafia X o lo que sea?”. Ellos retumbaron. No replicaron. Retumbaron. No replicaron. Retumbaron. Carga policial brutal. Se dijo Piltdown: “Oh, qué pena. Pero no os preocupéis, ¡habéis despertado! ¡pronto ese gobierno caerá y nos imitaréis!”. Y avanzó.

Un inmenso templo a Alex Jones, tan inmenso que por narices debía cubrir la visión de la ciudad de la cual disponían los guetos locales, se estaba construyendo. El Hombre de Piltdown gritó: “¡Qué alivio! ¡Dimana cordura!”. Ya estaba cubriendo con sus pies las aceras, cuando halló un poco de dinero y se dijo: “Ah, dinero deuda. Paul Grignon ya nos lo dijo en la radio: no lo cojáis, que os infectaréis con esto”. Continuó (jo, ya me cansa describir sus andanzas, ¡pero todo sea por él!). Llegó a la Biblioteca Nacional del Congreso, en donde halló al brillante Starviewer. No hablaron. Pensaron al unísono. Leyeron juntos. Unas cuantas lecturas más y minutos más tarde, el Hombre de Piltdown se convenció y comentó: “Hallóme ante mí la lustrosa verdad del mundo. Os dominan. Pero yo lo sé. Necesito tiempo. Esperad”. Se teletransportó sin más a su tierra, dejando todo lo que había obtenido allá arriba, en la “variante normal”.

Se coló en su cueva. Empezó a trabajar. Y semanas más tarde, su medro no defraudó. Había nacido su obra maestra, una bitácora sobre todo lo que iba de pena en el mundo. Salió de su cueva. Gritó a pleno plumón: “¡NO HABRÁ NWO! ¡ME LEERÉIS Y LUCHARÉIS POR LA BUENA VENTURA DEL MUNDO!”. Volvió a su cueva. Nada más. Y ahora debo dejaros yo. Esto es carnaval, por lo que han venido hombrecillos a cogerme. Adiós para siempre. Me voy a tomar esa pastillita antes de que toquen mi puerta. ¡Qué grande ese Hombre de Piltdown! ¡Piltdown o muerte!

Firmado: el Narrador Anónimo Justiciero IX.”