
Abuelo Cebolleta: Ah, ¿por qué? ¡Qué injusticia! ¡No están Castilla la Vieja y Castilla la Nueva!
Joven con mucho que aprender: Profe, ¿Canarias está al ladito de Cádiz?
…todo eso está irreconocible. Unos seres han experimentado esa explosión demográfica que tanto nos hará falta en el futuro. Tienen osamentas flexibles con capacidad de arrugarse, diría que textiles. Son banderas y camisetas de España en todas sus variantes -incluso los chinos estarán haciendo su agosto-. Han salido de manos de vendedores, de los armarios, de las fábricas de aquellas empresas contentas con la oferta/demanda, etc…
Ahora cuelgan de torsos humanos, balcones, postes y demás. Incluso reciclan camisetas de promociones viejas, como las del Mundial de Baloncesto de 2006 que vi a algunos jovenzuelos. Si me dicen hace un mes que hay una invasión de banderas patriotas, me lo tomaría como chiste del siglo.
Y es que por aquí somos de los que dejamos las banderas para las aburridas instituciones públicas y los hoteles (a veces), salvo en esporádicas manifestaciones de defender cual Cid a la familia -de amenazas invisibles, ni siquiera son sarracenas- y demás. Ah, los recuerdos históricos. ¡Vade retro, bandera sucia que mancha el espíritu crítico del país y nos aborrega! En fin, de oportunistas del mete-saca banderas estamos llenos desde que los santos se pusieron a trabajar de una vez para espantar a los cuartos de final, dejando así de ser siervos de excusas tales como ¡árbitro penoso!. Patriotismo de saldo que ha encontrado su precio óptimo.
Oh, el fútbol. Cuánto nos une, cuánto hace ganar a ciertas industrias -Adidas, que viste a los dos equipos de la final, se estará frotando las manos. Un repunte en sus beneficios semanales, accionistas con sonrisa de pegote y adelante-, cuántos poderes escondidos saca -involución a simio primitivo en algunos y patriotismo escondido en la mayoría-, cuántas letras llena de alegría y hagiografía la Red y la Prensa -cuando pierden, de sangre, sea en el país que sea-, emociones -a algunos, incluyéndome, les dura dos minutos. Luego volvemos a la gris normalidad cual robots asimilados que sienten de vez en cuando- y un interminable etcétera.
Y llegamos al final, en donde voy a hacer un giro importante. Hablaré del partido. Allá vamos. En este recorrido del balón que ha durado poco más de 94 minutos, incluyendo los tiempos de descuento que tocan, España ha demostrado porqué se debe proponer a la FIFA que agranden las porterías, además de hacerlas más altas. En mi imaginario, ha triturado a Alemania por 0 a 9 o por ahí. Lamentablemente, la legalidad presente en el fútbol reduce este resultado a un pobre 0-1, más tangible que nunca desde que Torres, en un heroico intento por no meter un no-gol, cruzara ante Lehmann para regalar alegrías al pueblo español.
A algunos les vi con un supuesto cáncer en las piernas notable, con miedo a lo que había dentro de la portería. Al parecer, la red ligaba con Lehmann. Por otro lado, los alemanes también quieren pedir a la FIFA que agrande las porterías. Su famoso juego a balón parado con resultados terribles se quedó en juego a balón para las gradas. Casillas andaba más tranquilo. Vaya, hablamos de un 4-9 o 5-9. Gran resultado, lástima que las porterías de verdad sean tan minúsculas y nos impongan una dictadura de resultados exiguos -con algunas excepciones apasionantes, como cuando el Real Madrid aplastó y machacó a un rival pequeño, el Valladolid, por 7 a 0 para regocijo mío-.
Minuto 93. Pitido final, petardos por Madrid colocados de manera estratégica y visible. Veinte minutos después. Casillas, en un notable esfuerzo por demostrar que es un mamífero, no un ser inerte como en muchos minutos de este torneo -equiparable a las plantas-, movió los brazos, saltó, sonrió y levantó ese trofeo de varios kilos sin esfuerzo. Los otros, más móviles, también participaron y manosearon a la copa cual bella dama. Por mi parte, poniéndome el disfraz patriótico que desempolvo en grandes citas deportivas, diré: ¡VIVA ESPAÑA! ¡Ah, en mi barrio hay poca densidad de banderas! Se ve que somos una región con poca propensión a la natalidad textil aquella.

El esfuerzo más titánico de España en esta Eurocopa, levantar el trofeo. Que no nos sorprendan los más de 10 kilómetros de media que se recorrían en cada partido, esto es una migajita.








