A partir de ahora, esta santa casa se amplía. Hablaré de videojuegos, películas y, si tengo algo más de criterio, libros. Este artículo sobre Quake III da el pistoletazo de salida a esta categoría sin polvo alguno.

Nada de sacar el enésimo temita diabólico, ¿eh? Que eso sólo es un remake de los juegos de caballitos ésos de Barbie.
¿Puede haber alguna obra de entretenimiento puro y duro que emocione en todos sus aspectos desde la primera impresión? Sí, Quake III. En serio, haciendo caso a mi juicio alterado, lo digo. Ni la Gioconda ni el Quijote ni la belleza de Florencia me emocionaron tanto. Y eso que, fuera de las fronteras de mi subjetividad, son consideradas obras maestras por la mayoría de los críticos profesionales.
Qué diantres. Fue ver una red LAN en un ciber cutre alias locutorio, esperar a que uno de mis colegas creara un servidor para eliminarnos de cualquiera lista de candidaturas al Nobel de la Paz y empezar con la acción. Por aquel entonces creo que desconocía la opción SETUP del menú de configuración en donde podías cambiar el modelo del jugador y ponerle un nombre, ratos en los que he aprovechado mi creatividad para poner cosas estrafalarias como “Winston Churchill”, lo cual acarreaba actuar con el ya manido seudónimo de “UnnamedPlayer”, sinónimo de montonía, gris y tristeza.
La carga, al no hacer pasar las de Caín a la tarjeta gráfica, era muy rápida. Por una cosa inexplicable de éstas que salen en los videojuegos, vi una luz que se materializaba en personaje jugable, como en otros tantos juegos. Oh, ¡olvidemos la Vida Real™, que eso es programación pura y dura! Probé la combinación de teclas WASD, presente en otros tantos juegos, y se movía. Hundí la tecla de espacio y vi cómo saltaba el monigote.
Disparé con el ratón. Fallo, nada nuevo en mí con mis condiciones de jugador de videojuegos de tiros en primera persona. ¿Qué fue primero, el disparo o apuntar? Diría que apunté a una pared -mi primer intento de asesinato, por fin- y la llené de hollín, como así mandaban los canones de las primeras 3D, una representación supuestamente realista en la que una bala emanaba de la arma de turno y si impactaba contra una pared, pasaría de ser bala a hollín, dejando una fea mancha negra.
Seguía tomándome un paseo por un feo escenario lleno de lava, plataformas móviles, armas que flotaban y siguen flotando en el aire -la extraña lógica de los videojuegos*-, jugadores que además de moverse disparaban, médicos encerrados en cajas** y demás cosería. Resulta que recibí un regalo de cumpleaños, esto… un balazo por parte de un jugador más avezado en esas cosas. También podría ser algunos de los rivales controlados por ordenador***. El caso es que, ya no importaba, estaba muerto.
Aquí la muerte se ha trivializado mucho, sólo consiste en esperar unos segundos sabiendo que tu asesino ha conseguido un punto más, andando así más cerca de la victoria. Si caes tontamente -ocurre sobretodo en escenarios con lava o vacío para tirar la comida de la suegra-, el criminal no gana nada. Tú pierdes un punto. Después de ese tiempo, apareces de nuevo en un sitio al azar elegido por el código fuente del juego o lo que sea. Con tal de estar vivo de nuevo, anduve y, creo, hasta maté. De tantos tiros al aire, por fin saboreé el paladar de la victoria.
Mi contrincante caía recibiendo un beso de esa cosa llamada bazooka, escopeta o pistola de raíles -la gran novedad del juego, un gran arma capaz de hacer picadillo a tu rival sin necesidad de balas, con láser… ¡pero gasta munición igual! No hay planes de momento para convertir a jugadores en seres supremos****-. Si me tocó ver mis pedazos recogidos por ahí, seguido por una tabla de puntuaciones -el premio para el castigado*****-, ahora veía los de mi rival, representados por pedazos burdos de carne.
Su diversión directamente me transportó a otro mundo. Había dejado de pensar en la complejidad y los absurdos de nuestra sociedad para pasar a un campo de batalla en donde sólo debía obedecer unas leyes fáciles: matar o ser matado, disparar con cabeza a la testa y ¡ganar más puntos que el resto! Y si hay tiempo, probar el regusto de la victoria mientras se ve un sucedáneo de un cuerpo despedazado disfrazado de cutres 3D******. No es para la atenta contemplación este juego, sin duda.
Salí del servidor y de la partida, tras una sesión en donde pude saber perfectamente lo qué significaba morir. Sin embargo, lo de matar iba más flojo. Caminé por la acera, ya fuera del locutorio, con una sensación de alivio total, pensando en lo tremendo del juego para liberar tensiones y divertirse -sobretodo cuando alguien observa a un iluso de la vida errar en sus pasos para caer en la nada al tratar de cometer un homicidio en primer grado, contemplando así el vacío en 3D malas. Una pesadilla digna de un director de serie Z-.
Notas al pie.
*No te creas nada cuando te digan que Mario salta cinco metros sin despeinarse ni cuando resucitas tras morir en un juego de tiros. Tampoco cuando los personajes no jugables en juegos de rol te sueltan la misma frase una y otra vez como si el destino les hubiera condenado a la monotonía eterna. A veces contradecir la lógica es lo más fácil. El programador no tiene porqué estar encadenado metiendo más código sólo para satisfacer al Realismo y a las demandas sin ton ni son de algunos iluminados que quieren calcos.
**Me niego a creer en la existencia de recuperadores mágicos de salud, eso tiene que tener alma de médico dentro.
***En ocasiones se ha demostrado que muestran más inteligencia que algunos elementos de la Humanidad.
****Sí, existen los trucos-trampa para poseer un halo de ángel a la hora de jugar, pero esto como que muy legal no es. Si lo haces, tus amigos echarán un deathmatch por equipos en la vida real, siendo tú el único integrante del equipo rojo o azul. Conocerás el bello sabor de la lapidación y cómo sabe una piedra antes de ponerla al horno.
*****Accesible también con cierta tecla para regocijo del masoquista o egocéntrico.
******Sí, malos gráficos 3D pero para ser del año 1999, fecha de la cual data el juego, tienen alma y transmiten algo… Qué digo, olvídate de eso y juega salpicando de sangre el escenario donando balas, rayos de plasma, bocadillos de nudillos y todo eso a la partida.