Cerebro de Espuma II

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Lugares QUE visitar de Madrid - Villamil (II)

Julio 19, 2008 · 1 comentario

Segunda Parte - Más dolor, hacia los orígenes, hacia el número 1.

Algo ocurrió. No podía ser, estaba viendo el final (o el supuesto, por lo que habrá luego). Una plaza con su fuente había roto la fealdad de la primera parte -en cristiano, otra calle se interrumpió por una plazuela de nada-. Pero en este planeta la previsión suele ser una hez en cuanto a calidad de fabricación, ergo, regreso a Villamil, afrontando la segunda etapa con más fealdad aún. Empiezo con el rascacielos más alto de la calle.


El rascacielos más alto de Villamil. Feo. Solitario. Amenazador. Con vistas al Canal Isabel II y a su flora anárquica. Y ahora ocupa un lugar en mi logo, a este paso se hará mundialmente famoso.

Sin duda, se han superado. A ambos lados sólo veo fealdad, vejez y subproductos de la nueva construcción. Además de aburridas grúas de metal con mucha, mucha altura para seguir proporcionándonos los mencionados subproductos que muy disfrutables no podrán ser en esta época de corrección de la locura constructora.


La Garganta del Diablo, semipeatonalizada.

Con incoherencias urbanísticas a gusto del consumidor, del avance (o retroceso, según el mando correspondiente) del tiempo y del Ser Supremo. Con una señal que te avisa de balcón bajo -altos que superen los dos metros, mirad. Sino, tendréis mágicamente sangre en la frente y posiblemente algún chinchón-. Con una “American Store” descafeinada que apenas vende comida, como mucho te enseña a hacer pasteles y más monumentos dignos de ser declarados patrimonio de la Humanidad, como el Supermercado Único de nombre “Supermercados Villamil”, que se esfuerza por no diferenciarse en el fondo de la competencia ofertándote las mismas cuatro cosas de las grandes marcas como Kellog’s. Así es. Sigamos con esa fascinante parte.

Al menos cada edificio es distinto. ¡Incoherencia o muerte! Ah, también abundan los talleres, toda suerte de tiendas de alimentación y los mismos bares conservadores. Y edificios que envidian la altura de su compañero de ladrillo y su relativa juventud.


Ey, Edificio Número Indeterminado, envidio tu juventud y tu altura. ¿Quieres que te cuente cómo éramos en nuestros tiempos?

Cómo no. Es imprescindible un colegio religioso acá. Absolutamente. Y encima es de lo más bello de la calle, hasta quizás gane alguna papeleta aislada en las votaciones a monumento nacional del país. Entre incoherencias variadas y caprichos de los Arquitectos del Ser Supremo, se alza esta majestuosa belleza con andamio veraniego incluido que contiene una grúa de última tecnología sigan ahí en septiembre bendiciendo a un falso ídolo.

Termina la calle, pero quedan algunos detalles interesantes. Las calles adyacentes siguen siendo iguales de feas, deseando ser como la grandiosa Villamil. Atajo de algunos currantes que vivan en el norte, el tiempo que te ahorra te mata con su hastío. Hay algunas pintadas aisladas, como en toda calle y buzones de publicidad. Pero poco más. Ah, existe un oxímoron. Y lo verán abajo.


Interesante oxímoron, ironía empresarial o como lo quieran llamar.

Una auténtica calle, de raza, tiene que acabar bien. Y aquí está, el edificio más feo, repulsivamente feo que hayan visto estos ojos jóvenes, tiernos y sin enfermedades. En realidad, aquí nace Villamil. Y tiene que nacer bien, preparando a los viandantes para latigazos hacia su mirada y su criterio de belleza.


Yo, como ciudadano de Madrid, exijo que este edificio sea monumento de la UNESCO inmediatamente.

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Lugares QUE visitar de Madrid - Villamil (I)

Julio 19, 2008 · No hay comentarios

Primera parte - Desde el final, número 250 y pico de la calle hasta la plazuela


No, no está el Monstruo Inmundo de la Cloaca

Pongo un pie, luego otro y por último el primero. Repito esta operación una y otra vez en una acera que hay entre un túnel para coches -humanos, fuera- largo y una cómoda hilera de chalés. En realidad es donde termina la calle que vamos a comentar, Villamil. Lo que ocurre es que he empezado por el final, como todo buen inconsciente. Pero nada, sigamos. Abandono aquellos simpáticos orígenes de la susodicha calle. Entro en la verdad, la terrible verdad del lugar.

Miro. ¡Un brillante edificio de la era del Caudillo! ¡Un fósil! Lamentablemente no es para abrazar. Digamos que se pasa un ‘poquito’ de las dimensiones humanas estándares para su posterior achucho (tamaño aproximado de una persona corriente). Y está adornado con grietas, tuberías del presente que se cuelan por fuerza en edificios del pasado y hollín, cosas que siempre hacen bonito, aunque paradójicamente ofendan a la vista.


¿Aún no habéis terminado con la construcción del Monstruo Inmundo de la Cloaca? Tiene que ser vuestra mascota por cojones.

Sigo caminando, encuentro más miga para cubrirla aquí. Un taller inofensivo, los cuales abundan en Villamil, que me importa un comino. Y publicidad anciana de una autoescuela que te habla de pesetas variadas, plagios de mascotas de Disney -supongo que a Chop lo llamarán Juanito- y teléfonos de 7 números que eliminan el molesto 91 -otra muestra de nacionalismo español que tantos ojos de seres humanos nacidos en los 90 hemos visto-.


Debería cobrar usted pensión, ¿no, cartel?

¡Oh! Hallo una calle adyacente. El Ser Supremo no repartió la belleza para todos, ahí absolutamente todos los edificios son iguales con pocos matices, esforzándose por conseguir más fealdad. Aparte de los talleres que no me importan nada, aparecen bares tan viejos que en ellos se pueden reconocer viejas tipografías y logotipos como “Camy”, helados fósiles que sin duda no encontrará en su nevera más próxima.

Arribo. Otra calle adyacente aparece, con un edificio del mismo estilo sólo que con rejas recortadas, buen ejemplo del decorar por decorar en un inconsciente intento por ser más bello que nadie. Y una iglesia de horrendo gusto que parece estar diseñada para hacer apostatar a todo católico vivo, dificultar que sea bendecida y espantar a los arzobispos y al Papa para los restos.


Eso sí que es penitencia para Jesús y no las mariconadas de los romanos éstos de buscarle un alojamiento en una cruz.

También observo lugares aplicados en capas de pintura para disimular los daños del tiempo, adornadas con cristales rotos y rejillas oxidadas. Supongo que no desentonan con la tónica general del lugar, casas del Caudillo y sus VPO que empiezan a sufrir el avance del duro tiempo. Avanzo más arriba. Y una tercera calle adyacente veo, San Restituto. La fealdad devastadora es más o menos la misma, se ve que Villamil marca una tendencia. Por eso de la coherencia urbanística y tal.


Al final de este camino, usted verá la luz. Hay chalés floridos esperándole en brazos y familias felices utópicas.

Si notaba un olor viciado a conservadurismo, ahora he logrado detectar la fuente. Al final de la primera parte de Villamil, brutalmente interrumpida por una plaza que comentaré luego, hay un colegio religioso, concertado y tricéfalo. Por no hablar de que tiene siete colas. No sé si será casualidad, pero en Madrid sólo veo colegios de éstos en ambientes donde se respira conservadurismo rancio.

¡Ah! Finalizo la primera parte de la calle comentando brevemente la otra acera. Hay un buen parque que respira mucho verdor y da fresquito. Sin duda, el Ser Supremo pudo compensar a los habitantes de la zona lo que sufrieron a raíz del gusto de sus arquitectos.


Oh, muchas gracias, Gran Ser Supremo. ¡Usted es bueno, da zonas verdes! ¡Usted es guapo!

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Neoconceptualismo de la pintada número 53.

Junio 19, 2008 · 1 comentario

En toda ciudad hay una zona en donde se reúnen los fantasmas que el turista típico tenderá a no tocarlos en su vida, por miedo a que se rompa el montaje que le vendió su touroperador o compañía aérea -ciudad preciosa con un increíble atractivo, esconder los demonios siniestros en una caja de cartón oculta al resto del mundo-. Hablamos de los edificios vulgares de las zonas residenciales,que contemplan la existencia de un elemento artístico que más bien se dedica a fastidiar aprendiéndose el manual del buen tábano.

Pintada lo llaman. Dentro de este arte, suele haber poca variedad de estilos. El coco no está para sobreesfuerzos, es más rentable y seguro un “VANE X JONAS” o “POLITIKOS ESPEKULADORES”. Y además infla el ego de uno mismo y el enfado de los vecinos. Lo que son las cosas. Vaciar botes de spray, purgar originalidad de masa encefálica, recordar tópicos y aplicarlos. Así resumiré este proceso, a mi manera.


Cómo te conocí, morena. Nunca te olvidaré.

No obstante, todo eso está cerca de conocer su fin. En mi barrio, alguien ha reinventado el graffiti. La imaginación le ha atacado de muy mala manera, en gigantescas hordas. Ha pintado “Jabón Lagarto” sin más -a veces acompañado malamente por su amigo Punk, que no tiene nada que ver a mi entender-, lo cual deja la puerta abierta a miles de sagaces teorías sin pies ni cabeza, entre las que se incluye la mía, “¡Es una estrategia de publicidad al alcance de los bolsillos de esa simpática compañía toledana!”.


Tu padre, el Spray, se ha olvidado de la tilde. No te está dando todos los cuidados que requieres.

Cuando vi esta cosa, me sentí extrañado. Alcancé a comprender esto cuando tiré unas cuantas fotos y reflexioné, asombrándome así con esa atrevida peripecia. Luego, ese diablillo de la publicidad gratuita se metió en mi cerebro y me hizo descubrir la verdad de ese jabón fabricado en Illescas y con un envase que quiere huir de los nuevos tiempos, en donde la dictadura del tetrabrick y la pomposidad de las propiedades milagrosas hacen su agosto.


Dicen que si tiras una moneda a esa fuente serás premiado con todos los productos de la empresa Lagarto y tendrás tu casa limpia.

¿Cómo quedó todo este tinglado al final? Lo había asimilado como una cosa más destinada a ser olvidada. Pero resulta que escudriñando rincones de mi barrio, encontré más y más pintadas de éstas, con un estilo cambiado. Algunas decían “LAGATO”. Otras optaban por omitir la tilde en “JABON”. Incluso se permitían el lujo de cambiar de emplazamiento. De la clásica pared de barriada residencial a un tobogán de parque infantil. Todo vale para la promoción gratuita. Quieren pasar a ser parte de mi vida y de la identidad de esta cómoda zona residencial de Madrid.

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Política y consecuencias, elecciones españolas. Segunda parte.

Abril 27, 2008 · No hay comentarios

Hace más de un mes puse punto a la primera parte de esta combinación de palabras salida de las cloacas del mundo informático, bueno punto y coma. Ya saben, usaré una excusa para esta cosa. La investidura de Zapatero y sus féminas, que nos servirá para hablar de cómo una gran tormenta se ha olvidado por completo del populacho. Debería aducir vagancia, pero eso no vende. Pues adelante.

¿Saben? Ese buzón tan inofensivo que está ahí, que mira al respetable sin rastro de altivez. Esa farola tan alta que saluda humildemente. Este edificio que se alza para cobijar a humanos desamparados, vendido por una constructora solidaria que se deja sus dineros en un solar vacío con buena intención. Todos estos chismes al servicio del ciudadano llevan basura o más bien sus restos, conocidos como carteles electorales viejos. Normalmente de partidos minoritarios que tiran hacia una causa más simple que el mecanismo necesario para encender un cigarrillo.

España se desmembra, este papel también

A veces los papeles no son capaces de hablar por sí mismos, también algunos comedores de guano ayudan a algún partido pintando coserías en la pared. Si les detienes, un flanco tuyo fallará. Aprovecharán para escaparse por allí y pegar cosas pequeñas a la pared. ¡Vota izquierda! Pegatinas jodidas, difíciles de despegar. ¡El poder, la Amenaza, me quiere despegar! ¡Pediré a mi compañero pegatinas muy fuertes! Si han de quitarme, que quede algo de mis restos.

Maniqueísmo y posterior solución

Avance como nunca con Superglue

Ideologías contrarias también aprenden. Esta cosa de los extremismos se apunta, pegándose muy fuerte a los buzones y a otros bienes públicos. ¡Por España, que el papel se quede siempre aquí! Si se acaba esa gloria, que quede algo de ese recuerdo.

Hay que mostrar tu amor a España en una parada de autobús, exhibiendo tus corpulentas falanges

Todo esto es el resultado de una locura, una explosión de algarrobas conocida como campaña electoral. Una demencia llena de demagogia, teles, candidatos llenos de pelos en la lengua, spam legal, etcéteras para apoyar argumentos, etc… Tanto ruido para luego seguir como siempre. Ganó alguien, ¿y qué? He soportado ruido, mi pene no ha crecido, el régimen alimenticio sigue en su sitio. Grita el político para agarrar el poder, afónico se vuelve en cuanto el poder le abraza. Lo peor es que estos basureros deben de acumular aburrimiento recogiendo spam, spam, spam, spam, spam y más spam. Bueno, a estas alturas estarán más relajados.

Tras presentar al resto de las inmundicias de la campaña, ahora toca acercar al lector con una narración realista del día de las elecciones. Ahí va.

Día de las elecciones

Ah, votar, votar. Las urnas se van acumulando de papeles. Delante de ellas hay gentes a montón, dispuestas a ahogar a la urna de papel. Cogen algunas cosillas de una extraña mesa larga. Ah, resulta que son materiales reciclados del colegio. Qué pavoroso, un colegio lleno de niños se convierte en la mayor muestra de política de nuestro barrio.

Una bonita sala de juegos infantiles ha sido transformada también. Es dantesco ver cómo se mezclan dibujos infantiles, juguetes más grandes que los minipisos ésos de Trujillo con pura política. Bueno, pensándolo mejor, es el vivo relato de nuestra política en los tiempos modernos, juegos infantiles que tiran del ad-hominem como argumento de autoridad.

Sólo he pasado por dos salas. Ahora vienen las colas masivas para depositar un papel que servirá para alimentar el ego del político, esto… de elegir al representante del pueblo. Salgamos del edificio interior del colegio. El aire. Creo que en este día de hoy, nueve de marzo, la primaria escolar huele a adulto. Ya nos hemos librado de la simple jornada escolar-política. Una avalancha de gentes sale para dar paso a otros seres vivos que residen en el barrio -oh, las cucarachas y los microbios están infrarrepresentados-.

Finalmente, esta saga se apaga. Dentro de 3 años, con las municipales, más espectáculo. ¡Y podré votar, por fin!

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¡Hablemos de algún Kurt!

Abril 11, 2008 · No hay comentarios

Eras un bonito escupitajo de la Naturaleza. Menos mal que hiciste algo más que comer, beber y mear -no falta el cagar-. Pero un mal día te secaste y dejaste que la Muerte te mimara.

Hace un año, algún Kurt realizó el más irónico chiste de su vida. Un superviviente de la segunda guerra mundial fallecía al tropezarse con las escaleras -en realidad, la caída ocurrió unas semanas antes. Sólo quería alargar el chiste-. Como así lo deseaba en Un Hombre Sin Patria, en la parte de los humanistas -en resumen, quería que le soltaran un chiste sobre cielos variados- le dedicaré esta frase con vuelta de tuerca incluida: “Bienaventurado seas, Kurt. ¡Estás en el cielo! Molesta a algún dios imaginario”. Este señor paría libros, especiales como ellos solos. En el imperio de ultramar de sus letras, mis ojos trataban de entenderle. Era aire para mi cerebro, de nombre Pinky.

Poseía paridas simpáticas. Más interesantes que algunas personas reales.

Bokonon. Me llenó de formación espiritual, por fin un profeta que ejercía el derecho a la libertad de expresión y hasta se permitió ir a una islita en Cuna de Gato. Rosewater. Me enseñó que mola más comer papas fritas y criar estómagos que la riqueza, la reputación y esas cosas aburridas que llenan de aire. Kilgore Trout. Me abrió los ojos. Cómo lo cutre puede ser emotivo, cómo ciencia ficción mala emociona más que clásicos españoles inflados con globos de estraza. Y etcétera, personajes que aportaron… ¿aportaron? Sí. Así fue.

Y con la edad se dejó de Mataderos, Madres Noches y Cunas de Gato pero su humor seguía así, en forma de irreverentes chistes. ¡Un Hombre Sin Patria nos muestra la realidad! ¡Hemos venido al mundo con tal de hacer el ganso! ¡No subestimemos a los árabes, nos dieron los números! Hasta el final dale que te pego con la pluma. Ella, cuando dejaba fluir tinta, adquiría un extraño poder. Un olor que se movería por todos lados. Influyó en Douglas Adams. Quizás me influya. Es muy posible, muy fuerte me ha pegado. ¡Bua, repollo por favor!

¿Cómo es que estás enterrado? ¿Desde hace un año? ¡Responde, Kurt! ¡Tus letras nunca morirán, pero tu frágil cuerpo sí que tenía comparación con las papas en la boca de Eliot Rosewater! La Naturaleza o lo que sea te ha pegado un caprichoso bocado, ya te perdonó en Dresde allá por 1945. Permitió que crearas Matadero Cinco. Pero añadió un poco de maldición a esas escaleras allá por el 2007 para que se regocijara. Y ahora, el gran secreto…

Ese Kurt se apellidaba Vonnegut.

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Tiempos de cambio

Abril 6, 2008 · No hay comentarios

Día libre. Los rayos del sol no interrumpen mi actividad habitual. Hace calor, un poco. Esa preciada sensación ha estado oculta a la luz de la oscuridad, que mandaba a sus soldados del frío a las calles madrileñas. Ambos bandos deliraban entre revolución y revolución. En los últimos tiempos, se han cruzado las miradas numerosas veces. La tregua de las estaciones, en donde cada bando iba a lo suyo, se acabó. Se agravó la cosa a partir del año pasado.

Y mis microdepresiones me atacaban -aún lo hacen- a la hora de consultar el tiempo. Si salía algo decentillo, se esfumaba al día siguiente. Comerciaban con ilusiones. Las nubes llegaban. En medio de este bullicio temporal que obligaba a reformas constantes de armario, la lluvia ausente estaba. Sólo apareció muy de vez en cuando por aquí y su desaparición fue igual de fulminante.

¡Sorpresa, el Calor se asoma! Pero nunca pasó de medio intenso. El verano pasado fue toda una muestra de cómo vivir sin ventiladores de ningún tipo. Me sentaba y esperaba a que alguna gota de sudor asomara por ahí. A veces era eterno, el viento me lo impedía. Incluso en algunos días la temperatura bajaba hasta que me veía obligado a ponerme ropa de manga larga.

Y a la vez que las hojas caían, llegaba el frío. Un frío que sonaba a puñalada con cuchillo de fruta. ¿Nieve? Esta cosa que ves en los cuentos de fantasía, amigo. ¿Frío siberiano? Recuerdo remoto, amigo. ¿Frío sin ton ni son? Has dado en el clavo. ¿Servidor se quejaba? Sí, por el sobrevalorado frío. ¿Que aparecían 20 grados salvajes en enero? Pues poca cosa, a disfrutar del ambiente.

Y tras meses dubitativos con temperaturas entre 10 y 15 grados, apareció de sopetón el calor al asomar abril en el calendario. Otra vez al fondo del armario, a reformarlo para aquellas camisetas tan monas y simpáticas. El futuro inmediato se presenta sombrío, la voz de la lluvia está llegando a nuestros oídos -más bien a los de los satélites ésos que te sueltan el tiempo-. Y de nuevo variaciones alocadas de temperatura, sin dejar paso al calor hasta dentro de un buen tiempo como anuncian en mi página meteorológica de referencia. Lo raro es que aún no me haya llegado la fiebre, debe ser cosa de la resistencia natural ésa.

Lo milagroso es ver a esas plantas tan alegres en medio de toda esta locura. También el olor primaveral. Todas esas sensaciones condensadas para ti en el bullicio de la gran ciudad, en un contexto terrible, qué maravilla… Interesante es ver una margarita a la vez que me contamino con un Mercedes viejo. Un amalgama de contradicciones que me llena, qué cosa.

En fin, que un rayo loco me ataque mientras el polen invada mi nariz en medio de un parqué de coches modestos. Qué demonios, magna satisfacción tendré.

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El retorno, turno del colegio

Marzo 29, 2008 · No hay comentarios

Un individuo estándar de la sociedad moderna, con todas las necesidades básicas cubiertas. Sus impotentes posaderas, alimento para medio pueblo, salen al encuentro de su amor fraternal, una simple silla de oficina sin reposabrazos. Su cerebro ve el ordenador. Ordena a la mano que le dé al botón de encendido. Tras ver la pantalla de arranque típica, que le suelta lo que tiene de hardware en un idioma incomprensible con la intención de meterle en una depresión de baratillo y, posteriormente, una pantalla del gestor de arranque GRUB -le ayuda en su madurez, le enseña cómo elegir-, se dispone a un mundo de variedades. Internet, la especia de la vida. Pone sus manos en el teclado y el ratón con el objetivo de navegar por la Red. Entra a los típicos sitios de siempre. Rutina se vuelve. Tiempo vuela. Aburrimiento invade el cuarto. Individuo queda encerrado entre interrogantes, sin una salida clara. Opta por lo primero que hay en su coco.

Entre paréntesis, el mismo individuo quiere retirarse del ordenador por un rato. Observa destinos paradisíacos, lejanos, por la ventana de su casa. Los antiguos se admiraban con las maravillas de la Antigua Persia. El moderno de turno, él, se admira con las maravillas de Tetuán. Se pone a imaginar en los tesoros y las bellezas que encontrará, en los misterios que la zona encierra y en los aromas típicos -humo de coche con jazmín o las fragancias de los talleres de automóviles-. Al terminar de dar aire a su cerebro, baja del edificio en donde reside y se despide del portero, que le avisa de los miles de peligros que presenta el sendero. El camino duro es. Hay que enfrentarse a las despiadadas aceras, a los peligrosos transeúntes que le tratarán de encantar con sus miradas indiferentes, a los despropósitos del ayuntamiento -baches que no aportan una generosa dote al caminante, por ejemplo- y escalar colinas -Tetúan está fortificada por estas elevaciones del terreno-. Pero la meta recompensa trae. Una belleza de distrito que se relaciona con el centro de Madrid y que a su vez tiene parajes atípicos.

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Tetuán, el lugar de la tradición, el jolgorio y la modernidad.

El Sol y la Luna juegan al escondite. El tiempo pasa. Este individuo tiene que volver a sus obligaciones. Como un sencillo robot, se adapta a la hora para la cual le han programado durante muchos meses, temprano, muy temprano. Con una pesada carga de sueño, marcha por un sendero igualmente de pesado hacia su colegio. La primera hora, la de matemáticas, tan llena de números, pasa muy lentamente. No parece acabar nunca. Son sólo 50 minutos, pero… ¡ay!, tan eternos son que cuando se acaban, dan la sensación de que ha pasado un año. Ya se amolda a esta cosa del colegio, que siempre vuelve a la mente cual recuerdo eterno. Las próximas horas pasan rápido. Piensa en el resto de la semana, le parece eterno pero finalmente, a fuerza de dejar de pensar en ello, se pasa en nada. Y a sábado está ese individuo contando la historia.

El mismo individuo. Sí, soy yo. Las vacaciones pueden ser una lenta letanía en donde te arriesgas a morir de aburrimiento. El trabajo, una curiosa letanía en donde sientes que estás más o menos activo pero a medio plazo desfalleces del aburrimiento.

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Campañas de erecciones para las elecciones, primera parte.

Marzo 9, 2008 · 1 comentario

Cada cuatro años, además del sol que siempre está ahí, llega como un reloj el acontecimiento más teatral, incluso por delante de Tricicle. En la penumbra de tu casa ni te salvas del bombardeo mediático. Es la política, no hay hueco que se le resista. Juega a las campañas electorales. Cualquier respetable ser humano que haya dado con sus pies en el país, en España, sabrá al menos quienes son Zapatero y Rajoy. Sobre estos dos hablaré en esta parte. La segunda estará dedicada a los carteles de otros partidos y a las elecciones del hoy.

Mariano Rajoy ha estado mirándome dos veces por la ciudad a través de sus carteles. Ya en enero, se adelantaron a la mayoría de los carteles electorales con un mensaje más simple que el mecanismo de un sonajero, “Las ideas claras”. Su sonrisa desdentada me causaba el más profundo de los pavores posibles. Me miraba con esa cara de fisgón de baños de ancianas. Quería transferirme su claro pensamiento: “Vota, vota”. El eslogan no me seducía para nada. Después, cuando Zapatero se hacía fuerte en el mundo de la propaganda, los del PP contraatacaron con una copia del anuncio de ZP.

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Promesas sin dientes. ¿Te sobra el biberón, amiguito?

Retrataron a Rajoy en un mitin, así fue. Guardaron la foto, así fue. Los publicistas la rescataron, así fue. Algún experto en diseño gráfico la colocó en un futurible anuncio, así fue. Construyeron un eslogan que se apresta a bromas fáciles, así fue. Lo colocaron, así fue. Materializaron el anuncio y lo plantaron por la ciudad, comiendo terreno al otro ya mostrado más arriba, así fue. En su momento, cuando vi el eslogan de “Con cabeza y corazón”, me imaginé al candidato del PP arrancando el corazón y el cerebro de ZP. El cartel publicitario fue una copia pobre del que lanzó el PSOE, con matices. El eslogan y el logo se refugiaban en el frío fondo azul, al lado del retrato de Mr. Desdentado. Las tres partes no se querían mezclar, se temían.

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En el fondo te mola el rojo. No me engañas, sé que escondes el corazón y el cerebro de tu rival político.

Zapatero innovó copiando a Apple en los anuncios. Si hasta usó la misma fuente de letra que en los anuncios de esa compañía (Lucida Grande). Con las fotos de sus mítines, fue elevado a Dios, saliendo en carteles por todo Madrid. Quería regalar una sensación de acercamiento intangible. Esperó su momento oportuno para atacar. Vio a Rajoy desdentado y pensó: “Ataca ahora”. Así estamos, con sus pugnas por la calle. Sólo que las de los raperos ésos de Estados Unidos molan más.

Más tarde, pasaron a las alturas y a la gente. Se libraron de eslóganes barateros para colgarse en las farolas cual micos. Una jeta que imperaba. Daba órdenes. “Instalando el eslogan Vota en el cerebro”, “Integrándose con el sistema… instalación cancelada”. Así fue el proceso que tuvo que pasar mi cerebro con la simple contemplación de la propaganda ésa. Fallaron, naturalmente. Luego pasaron al plan B. Repartir folletos. A medida que se acercaba la fecha de las elecciones, las erecciones eran cada vez más notorias. En Cuatro Caminos, una señora mayorcita me regaló un bonito cuento, que tenía una magnífica narrativa. El PP había golpeado primero con su tremendo relato, lleno de texto y sencillez.

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Gran Simio Douala, ya sé que es duro. No puedes comer plátanos. Pero a partir del 10 de marzo podrás volver a tu deseado cuerpo simiesco, esa tela no te sienta bien.

Pero necesitaba más cuentos, Rajoy nunca es suficiente para hacer que el respetable se regocije con tanta fantasía. En mi barrio se desvivieron por montar un tenderete del PSOE para los que rondamos por ahí, más cargado de regalitos que la señora ésa pepera. Tuve suerte de alcanzarlo en el momento justo. Aunque el cuento que daban era menos pródigo y más pobre. Era un resumen del programa electoral de Zapatero, con menos palabras que el del PP. En cambio, me dieron más obsequios como un bolígrafo fabricado en China, que escupía tinta como debía ser desde el primer momento y con el que creé mis tiras y mi cuento sobre política en un papel que está en algún sitio de mi hogar dejado de la mano de Dios. ¡Y un póster para las elecciones al senado por Madrid, con las tres casillas marcadas en la parte del PSOE para que no tengamos que pensar!

Gracias por participar, bipartidistas. La hora de los demás se acerca con sus carteles, innovadores en comer estiércol. Un día existirá la respuesta. Estará aquí…

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Fidel Castro. El Comandante comediante.

Febrero 22, 2008 · 3 comentarios

Yo, al nacer, ya sabía que me tocaría el azote semanal castrista en el pompis. Mi familia estaba sometida a aquel golpe desde 1959 y se había acostumbrado. El culo ya estaba rojo de sobras, apenas les dolía. Cuando crecí un poco, en 1992, Fidel decidió dar más fuerte al pueblo, a millones de familias, haciendo buen uso de su cinturón con hebillas de titanio. De culo rojo pasamos a culo diabólico. Bien es cierto que estábamos orgullosos de tener nuestra patata al día. La compartíamos y racionabamos como mejor podíamos, llenos de grandeza por nuestra dote. Aunque extrañábamos las dos que teníamos hace dos años. Al caer los meses, me estiraron un poco por voluntad natural, fui a la escuela. Casi nada recuerdo de aquella época. Entramos en otra era complicada -si es que cuando vivimos con dos migas, lo vemos como normal-. 1994. Emigración masiva de cubanos. Mi padre, jodido. Sólo por escribir, podía terminar en carne de cárcel. Por algún motivo, el azote de Fidel en julio de ese año fue terriblemente doloroso. Protestamos. Nos fuimos a la moderna y bohemia Europa. No protestábamos con palabras, sino con aviones y kilómetros.

Un hombrecillo de traje verde. De cerca, pasa a ser hombretón. Un monstruo decrépito de dos metros. Parece inofensivo, pero nos arruinó la vida. Conspiró contra muchos de mis compatriotas para robarles el futuro. Este hombre se pasa la vida despotricando ciegamente contra los EE. UU., siguiendo la tradición latina de echar un cubo lleno de estiércol al rival mientras el sujeto echador se va de rosas. A ojo de buen cubero, se podría decir que el barbudo ha eliminado durante miles de horas de discursos una culpa que los cubanos pretendemos atribuírsela. Ha conseguido meter en su cuerpo la sensación de impunidad, que ha desplazado a la de la culpabilidad. Meritorio, sin duda.

Mientras su lengua se adapta a la idiosincrasia habitual de la Plaza de la Revolución, Fidel dice que la economía va mejor que nunca. Por delante, hay caras hambrientas a montones que exigen sus tres acciones diarias del buen comer. Son los retratos visibles de una tragedia que se expone todos los días y en cada rincón habanero. Que si me falta este fármaco, que si aquella lata de galletas, que si el etcétera, etc… Gloria para parte del Partido Comunista y hambre para el resto, una simple filosofía que el barbudo sesudo no ha dado a entender al pueblo, que se las ha ingeniado para comprenderla y asumirla. Hasta que llega el momento en donde uno de ellos no aguanta más y se va a algún cuartel burocrático buscando perderse entre papeles para ir a un mundo digno, en donde se olvide de cochambre alguna. A ver si la barba andante deja de vivir en su realidad, donde disfruta de mejores comidas que el estadounidense medio y se digna a ir a un barrio habanero bananero.

Hablando de su figura, esta semana hemos oído cómo se bajaba del delicioso peldaño que ofrece el poder. Ésta es la noticia oficial. Por debajo de la oficialidad, pienso que Fidel va a subir la tentadora rampa del poder encubierto (es mejor para su antediluviano andar). Se ha propuesto comprar la red neuronal de Raúl Castro, el hermano servil con ideas rebeldes. Cubanos, no esperéis mucho medro por parte de Raúl para mandar las ideas revolucionarias del revolcón en el merendero de lujo heredado de Batista a la justicia del viento.

Punto. Después de la última palabra de este párrafo pongo el punto y final. Cambio. Fidel goza de un importante apoyo en el exterior -aunque fue más importante en los 60-70, cuando la Guerra Fría-. El bloqueo americano, presente desde 1961, le ha servido para ganarse el corazón de unos intelectuales con intelecto interesado. Plañidero profesional, genio del marketing. Ya hemos hablado del pueblo puteado, ahora jode al exterior con noticias buenas que ayudan a formar un buen concepto del barbudo, como cuando enviaron médicos a Pakistán para dárselas de buenazo. Sólo por ir en contra de un imperio, ya es alabado. Especulaciones dentro, si Fidel fuera el Imperio tendríamos que retozarnos en la mierda (nunca la podríamos criticarla, añado). Corto.

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