¿No se habrán extrañado, visitantes? O ausentes, que viene a ser casi lo mismo. Esa bitácora publicaba con cuentagotas: cada mes, unos artículos. La reflexión era leve, entre seria y absurda. O por lo menos la recuerdo así. Tenía siempre unos borradores en la mente, unos artículos a punto de ser publicados que se frustraban. Pensar era barato, hacer, caro. Esta alcoba parecía ser el rincón de un escritor dado a la desidia pero que asomaba de vez en cuando para mostrar que estaba vivo. Pero… pero… un día, algunos entraron y sólo vieron una cortina moviéndose. Era la brisa que soplaba. El autor estaba ausente. Salvajemente ausente. Pasaban los meses. Seguía ausente. Sí, un tremebundo paréntesis.
Todo eso tiene una explicación coherente. Este autor no es sólo autor. Su auténtica profesión es la desidia y la anarquía en su vida. En los primeros compases de la ausencia, estaban ideas que se atascaban sin que yo, oh autor, pusiera mucho de mi parte. Luego, me entregué a la creación de un sitio web sobre ciencias sociales, un viejo anhelo que había ido creciendo a medida que leía y reflexionaba. Huelga decir que esa web también lucha contra la desidia. El tiempo avanzó. Se giraron varias tuercas en mi vida. Leí más que nunca (o casi): me dediqué (casi) por completo al ensayo científico y mejoré en mi habilidad de divulgación, algo que parecería improbable hace años, cuando esta bitácora moraba en Blogspot. Profundicé en mi relación con una gran amiga, hasta el punto de amarnos. Más que un leve giro de tuerca, fue un gran giro.
Absolutamente todos los artículos anteriores de esta bitácora eran las confesiones e invectivas de un vago solitario y que se mantenía a flote en el mundo desarrollado. Ya no. Esta vida ha cambiado. Aparte de ganar una gran amiga y una relación muy profunda, he tenido sensaciones que nunca había notado antes. Cosas nuevas en la vida, cosas que dan la razón a los que defendemos su variedad. Pero… escribiendo esas líneas, noto que se me cae una lágrima. Sigo siendo el viejo McManus, ese extraño divagador que se divertía explorando en los senderos cibernéticos y clamando, intentando expresarse en un estilo particular que ha ido sufriendo variaciones con el tiempo, a medida que iba practicando (incluso en esa tormenta de desidia no cesé de escribir: vean mi pequeña bitácora, que, en parte, ha acabado llegando a sustituir a ésta o lo comentado en diversas comunidades y en Ciencia Social).
Por lo demás, vagueé más de la cuenta y visitaba ocasionalmente esta web para que la brisa no aparentara estar sola. Después de muchas ideas acumuladas en mente para el retorno y un impulso repentino… Vuelvo. Con, al menos, un artículo por mes, hasta que reciba en mi línea de flotación otro misil de la desidia.







