Sacando trocitos de la Sarta de Estupideces (VI): Una horrible catástrofe semántica

No se ha visto ningún edificio reducido a escombros. No se ha visto una ciudad fantasma. No se han visto éxodos. No se ha visto una economía de subsistencia. La vida sigue en pie, con sus más y menos. Parece tentador decir que no hay una tragedia, que los agoreros, alejados de lo evidente, echan raíces entre nosotros buscando el mero beneficio y el aprovechamiento de los prejuicios de la gente, ¿verdad?

Espera, no ocurre así. En toda esa aparente tranquilidad, hay una catástrofe escondida. Cayendo en una paradoja, como otros tantos discursos fáciles que se enquistan en una serie de argumentos plausibles, no se cesa de decir que no hay libertad de expresión. Si uno está mínimamente interesado y se mete en estos mundos, se encontrará recurrentemente con esta opinión. Se expresa, como en este caso, de la siguiente manera (en justicia, es sólo uno de los puntos y está casi al final del artículo):

Antisistema, porque la tan proclamada libertad de expresión de nuestra democracia no es real cuando el propio ´sistema´ interpreta que es puesto en cuestión; o en todo caso queda en manos casi exclusivas de los Gobiernos o de los medios de comunicación, que la ejercen a su capricho y/o filtran las opiniones que ellos mismos califican de antisistema, como en el caso del reciente movimiento 15-M.

¿Acaso no se detectan fallos de lógica? Aparte de la clásica referencia a un sistema omnipresente que todo lo manipula, está ese sutil pero no menos horrible desconocimiento del Derecho elemental. ¡Y le tengo que añadir la confusión entre causa y efecto! ¿Se consideraría libertad de expresión si lo que se considera como el sistema tuviera en cuenta esas opiniones? ¿No sería otra paradoja, pues la libertad de expresión incluye incluir lo que me interese y lo que no en mi discurso, aunque no ayude precisamente al rigor?

Uno puede comprar, cuando quiera, el periódico Diagonal y visitar su web. Puede entrar en Kaos en la Red. Puede estar en Eskup o en los foros comunistas. Puede esforzarse por reflexionar por su cuenta y riesgo, pero siempre teniendo en cuenta que por motivaciones propias, idiosincrasia de la gente que recibirá esa información y limitaciones físicas, la opinión y las noticias no serán seleccionadas nunca de manera totalmente objetiva y equidistante (es más, dada esa perspectiva es beneficiosa una diversidad de medios, aunque es mejor todavía si cada medio trata de no alejarse mucho de los hechos).

Por ejemplo, ¿no es cierto que Kaos en la Red viene a cubrir cierto hueco y que, en vista de ello, tiene un relativo éxito en el universo de la contrainformación?

Un acercamiento a la Declaración Universal de los Derechos Humanos nos explica qué es lo que se entiende por libertad de expresión, acorde a la visión ilustrada y racionalista. Es un párrafo elegantemente bien hecho y lo suficientemente amplio y comprensible, una joya del derecho:

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

En principio, el enunciado parece sencillo de comprender. Yo puedo ponerme en ese banco, coger el megáfono y decir que tal cosa es malísima. No debería venir nadie a tirarme, aunque también se pueden contemplar otros supuestos: si emito ondas sonoras dañinas para la salud, interfierendo con su correspondiente derecho a la salud, puede encontrarse un motivo legítimo para que se me baje de allí.

Ah, si de investigar se trata y recibir informaciones y opiniones, entonces actualmente, con inmensas bibliotecas y su variedad de prensa, tanto escrita como cibernética, se garantiza ello, al igual que su difusión (esto va a aparecer en público gracias a WordPress.com, luego habrá quien me lea y quien no). Eso sí, cabe suponer que detrás de ese derecho hay cierto grado de avance tecnológico que facilita mucho su cumplimento -los derechos humanos, aunque hayan sido un magnífico invento para frenar abusos, no son tablillas sagradas cuyo cumplimiento está garantizado sí o sí. Funcionan mejor o peor en un contexto socioeconómico y natural dado, como toda ley jurídica-.

No obstante, hay que hacer una apreciación más que interesante y no menos importante: lo que se te garantiza es el derecho de difusión, aunque sea dependiente de los medios tecnológicos y sociales (tu propia familia puede odiar todavía más tu libertad de expresión que instituciones de mayor tamaño).

No se te puede impedir difundir bajo ningún concepto, aunque tu poder de difusión no vaya a ser el mismo que tenga Javier Marías, quien puede publicar sus letras en editoriales ilustres y periódicos de gran tirada porque quienes mandan en esos medios estiman oportuno difundir sus apreciaciones (el derecho de la libertad de expresión incluye difundir lo que desees), creyendo que serán vistas por un público más amplio, garantizándoles así su supervivencia como empresa: no olvidemos que el dinero sirve para ser vendido a cambio de recursos pertinentes como la tinta, los salarios de los empleados o los enormes montones de papel.

Definitivamente, algo erróneo pasa con el rigor, continuamente maltratado por diversos filtros mentales que se nos incorporan como si nada mientras nos desarrollamos como gente y que, de algún modo, nos sirven para movernos fácilmente sin tener que agotarnos mucho. Probablemente quien denunció la ausencia de libertad de expresión, entre tantos males, y vio su opinión publicada en, irónicamente, un periódico local saltó rápidamente a sus conclusiones preferidas. Analizó unos pocos elementos y rápidamente concluyó que la libertad de expresión local era irreal. Quizás se la jugó otra vez la ilusión de tener razón.

Sacando trocitos de la Sarta de Estupideces (V): Cantatas odiosas

Ké vueltas da la vida, pero ké haces tú
akí, es que ya no te acuerdas,
nos vimos en soweto.
fue una mañana de akel invierno
hostil, en una manifestación, a punto de morir
no sabes si llorabas, de rabia o de
dolor, yo vi caer tus lágrimas entre
sangre y sudor.
Fue sólo ayer cuando el afrikaaner golpeó en
tu sien, sólo ayer, la manifestación,
sí fue, sólo ayer
tortura y persecución, fue sólo ayer,
suplicando de rodillas tu perdón.
¿ahora kién?, kién es el asesino
¿ahora kién?, kién mata sin razón
¿ahora quién?, utiliza las torturas
¡ahora tú! negro cabrón.
Ké vueltas da la vida, pero ké haces tú akí,
esque ya no te acuerdas, nos vimos en soweto.
fue una mañana de akel invierno
hostil, en una manifestación, a punto de morir.
no sabes si llorabas, de rabia o de
dolor, yo vi caer tus lágrimas entre
sangre y sudor,
¡¡negro cabrón!!

Lo que antecede es una fermosa canción, ¿verdad? Digna de ser cantada y oída por el reducto menos extremista, dado que cita el doloroso recuerdo de Soweto, de los seguidores del recién finado Eugene Terre’blanche, padre del AWB, movimiento por la supremacía blanca, la defensa del afrikaans y el neofascismo. O de alguna opción más moderada pero con remanentes de resentimiento.

En su contexto, sería una de tantas reacciones a lo que se puede apreciar en la Sudáfrica de los últimos 15 años. Uno de los países del mundo con mayor tasa de contagio del SIDA, afectando enormemente a numerosos aspectos aunque están mejorando, con un desempleo elevadísimo (sí, superan a España), con nuevas bolsas de pobreza entre blancos que se suman a las tradicionales de los negros, con reacciones insuficientes, con un nivel alto de delincuencia, con actitudes negacionistas del SIDA que perduraron varios años y fueron adoptadas porpolíticos como Thabo Mbeki, expresidente, y delincuencia variada, entre las cuales destacan los abundantes homicidios, la corrupción, el asalto a granjas y los robos de coches.

Se puede seleccionar e interpretar lo expuesto en el párrafo anterior y quedarte lo suficiente impresionado por la lectura de obras como Desgracia, de J. M. Coetzee; todo ello es una causa previa para una indignación desde diversas ópticas, aunque, sin duda, no sería ningún giro de tuerca: emplear recursos artísticos para la crítica social no será cosa nueva, ahí está Aristófanes.

En verdad, lo que viene es una pequeña sorpresa. Esta canción con tono racista no es más que una leve variación de otra. Su estructura, básicamente, casi no difiere con respecto a la original, titulada “Nos vimos en Berlín” y perteneciente a Soziedad Alkoholika. Su letra se puede leer. Y escucharse. Posteriormente, en una polémica reedición de la canción, cambiaron “judío cabrón” por “jodido cabrón”, explayándose, asimismo, en que con “judío cabrón” se referían a los del gobierno y su política para con los territorios palestinos.

Accidentalmente, todo su contenido resulta ser una oda al parlamento de oídas. Para empezar, usa un recurso manido en esas polémicas palestinas, el de estar del lado, intuitivamente, de los débiles. Se crea una hermosa relación maniquea en donde el que tiene el ejército más fuerte tiene que ser, por necesidad, el malo, mientras el débil es el bueno. Se usa, asimismo, un argumento manido, el de comparar a Israel con los nazis, considerado una muestra de neoantisemitismo según la agencia europea de los derechos fundamentales. Grupos tan diversoscomo algunos islamistas usan ese mismo argumento.

Y eso nos retrotrae a un sencillo asunto del cual surgió mi idea. Con qué saña puso negrita en donde “judío cabrón” un tal Proyectosax en Menéame cuando citó esa canción. A Khyros no le gustó y él continuó, erre que erre. Y se unieron otros. Como si se hubiera enquistado en ese condenado debate, con los mismos argumentos que expongo aquí, la misma incomprensión. Y, efectivamente, así es.

Se señala a Israel como el monstruo imperialista de turno, el Coco. ¿Que los árabes llevan muchos siglos en decadencia, desde incluso mucho antes del colonialismo europeo, si exceptuamos puntuales descubrimientos de petróleo?¿Que han traducido menos libros en los últimos 1.000 años que España en el último año? ¡Minucias! Por fin, un enemigo exterior al cual culparle de sus males. Como cuando Cuba tiene el sencillo muñeco de paja del embargo para sentenciar que su economía no va todo lo bien que quisiera por ese factor. Y encima recogieron a los cristianos el testigo del antisemitismo.

Personalmente, de todos esos debates he salido encontrándome con un gran desconocimiento de Israel (lo confieso, yo también desconozco bastante, pero voy aprendiendo) y de la situación. Llamarlo genocidio es una patada a la semántica. Vamos a ver. Asombra la parsimonia con la que muere la gente  en comparación con el rápido y eficiente ritmo carnicero del III Reich. De hecho, han muerto muchas más personas por accidentes de coche en los Estados Unidos de 1997 a 2005 que las muertes a raíz del conflicto israelí-palestino, que dura ya 63 años.

Una revisión histórica a machamartillo nos indica que la cosa no es tan sencilla ni la maldad o bondad de ambos bandos está tan marcada. Por ejemplo, tras el acuerdo de Oslo, se pudo ver un apreciable incremento en el número de atentados terroristas contra civiles israelíes. Y que en Israel hay un grado de libertad y crítica bastante apreciable, como se puede ver en la variada composición de la Knesset (parlamento), para nada bipartidista, o medios como el Jerusalem Post o el Haaretz.

Sin duda, la historia es muy compleja. No es nada fácil escarbar, por ejemplo, entre los detalles de lo que pasó en los primeros años del estado israelí y sus antecedentes: según qué versiones, los matices pueden cambiar, jodiendo así la posibilidad de un relato histórico lo más fidedigno posible. Hay que andarse con cuidado, pero lo que es, sin duda, un error es decir que los palestinos, por ser más débiles, son el pueblo bueno. ¿Desde cuándo es sostenible desde la lógica esta perspectiva?

Ved, ved el Palestinian Media Watch y asombraos. Es que no es tan fácil reducir la cosa a mero odio contra un estado israelí automáticamente opresor: a veces no es fácil detectar si hay antisemitismo oculto en una crítica a Israel. Como bien animaba un embajador israelí en Uruguay, ¡leed todo lo que podáis y sed críticos, esforzaos y pensad! No desaprovechéis la larga tradición judía de crítica, reflejada en el Talmud. No os reduzcáis a alabar y citar acríticamente canciones supuestamente vitriólicas que denuncian y llaman la atención, pero que se quedan en la superficie.

Citas extraordinarias requieren pruebas extraordinarias de su autoría

Y parafraseando con el título, ésta es la historia de una frase que ha sido transmitida entre gentes y reinterpretada, perdiendo y ganando matices en el transcurso de varios siglos del pensamiento crítico, en una muestra práctica de la mejor transmisión cultural, la que tiene por vehículo unos cerebros orgánicos imperfectos y con una memoria orgánica que nunca procesa perfectamente toda información.

Para ello me he inspirado en una de las gentes con la que más he aprendido en mi vida, Chemazdamundi, y su extraordinario artículo ahondando en el origen de una de las frases que peor se han citado y que, asimismo, nos da todo un tratado de cómo usar bien las frases y de cómo desconfiar de la gente que parece haber sustituido la capacidad del pensamiento abstracto y de formarse opiniones propias a partir de la información que procesamos por frases que, con algo de esfuerzo, suenan bien y se almacenan en la memoria. Frases que son usadas como comodines para el debate.

Sí, ¿quién no recuerda esa maldita manía de citar autores sin poder hallar referencia concreta alguna? Algunos te dirán que Carl Sagan dijo aquello de que Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias o, en su original, Extraordinary claims require extraordinary evidence, frase comúnmente citada porque es un muy buen epítome del pensamiento crítico y que queda muy bien como encabezado para alguna web del ramo. No quiero dejar de señalar la deliciosa ironía que hay detrás, citando malamente al autor original y desconociendo su trasfondo.

Me la he encontrado varias veces por ahí, pues se ha quedado en las mentes de muchos cuando el mismo Sagan pronunciaba aquella frase en el documental Cosmos, en los comienzos del capítulo 12 (Enciclopedia Galáctica), hablando sobre las pruebas para saber de la existencia de extraterrestres. Sabía que él no la había ideado, pero creía que era de David Hume. Al respecto, nadie debería tener por qué sufrir una página incompleta en la Wikiquote en castellano sobre Hume en donde sólo se menciona como fuente un libro de Círculo de Editores publicado en 1995, sin que aparezca por ningún lado el título del libro ni su autoría.

E investigué porque de los errores se aprende. Escarbando, se puede observar que la frase efectivamente, es de Marcello Truzzi, escrita en 1978, a modo de resumen de una pregunta básica, el grado de evidencia que se necesita para demostrar las aseveraciones paranormales, aunque anteriormente ideada, acorde a su confesión.

La frase apareció ante el mundo en su artículo On the extraordinary: an attempt at clarification. Asimismo hay que agregar que es ligeramente diferente de la enunciada por Carl Sagan. Truzzi dice An extraordinary claim requires extraordinary proof, mientras Sagan pronuncia Extraordinary claims require extraordinary evidence, posiblemente recordando de manera imperfecta esa frase que leyera en la incipiente revista Zetetic Scholar.

Aunque no se pueda confirmar totalmente, esto suena plausible dado que Carl Sagan estuvo durante muchos años en el Committee for the Scientific Investigation of Claims of the Paranormal (CSICOP), dedicado a la investigación crítica de lo paranormal y la ciencia marginal, y es de suponer que fue, además de fundador, un miembro bastante activo, aunque hay que recordar que Truzzi, a pesar de ser también fundador del CSICOP, se fue un año más tarde por desacuerdos y desacordes. Ya fuera de dicha organización, fundó la revista Zetetic Scholar, en donde sale su famosa frase. Es probable que alguien le hablara de dicha revista y que la conociera, pero esto ya va más allá de su investigación. Aunque sea algo muy plausible y que lógicamente puede pasar, no lo puedo confirmar.

O que la leyera también en el primer número de The Zetetic, en 1976, la revista oficial de la CSICOP, ahora conocida como Skeptical Inquirer, bajo la forma de And when such claims are extraordinary, that is, revolutionary in their implications for established scientific generalizations already accumulated and verified, we must demand extraordinary proof, como parte de una editorial escrita por el mismo Marcello Truzzi. Aunque, personalmente, no he podido encontrar dicha editorial, pues en su archivo sólo se halla un artículo de ese primer número. La cita bibliográfica la hallé investigando de dónde procedía dicha frase, por lo que quedaría confiar en quienes pudieron leer dicha revista.

Por otro lado, en una de sus biografías se puede leer que la frase se le ocurrió tras una lectura de David Hume, pero esto no es exacto. De hecho, el artículo en la Wikipedia en inglés es bastante mejor. Si echamos una ojeada a un artículo suyo, On Some Unfair Practices towards Claims of the Paranormal, podemos trazar de manera más exacta las inspiraciones de su frase, siempre que nos fiemos de su testimonio: David Hume, Laplace y demás autores posteriores, en donde no menta a nadie.

Cuando la volváis a usarla, por favor citad a Marcello Truzzi. Por favor. O disfrutad citando a David Hume y su A wise man, therefore, proportions his belief to the evidence, que se halla en su libro An Enquiry Concerning Human Understanding, traducida al español como Investigación sobre el entendimiento humano. También podéis gozar de otra frase de Hume, del mismo libro, que le ha inspirado, de acuerdo a su testimonio, the evidence, resulting from the testimony, admits of a diminution, greater or less, in proportion as the fact is more or less unusual.

O a Laplace, posterior a Hume, de quien asegura Truzzi que es otra de sus inspiraciones, y su The weight of evidence for an extraordinary claim must be proportioned to its strangeness, aunque hay que decir que la Wikipedia cita este artículo como fuente que sólo menciona la frase de Laplace, sin citar de dónde procede, y en Wikiquote no hay nada.

Sacando trocitos de la Sarta de Estupideces (IV): ¡Apela a la tradición!

I

No se han intoxicado con plomo. Caminan entre nosotros. Llevan su vida más o menos bien. Son ciudadanos de pleno derecho. Pueden disfrutar de gozosas condiciones de vida. Nadie se frota a propósito cadmio en la cara. Y gustan de ir al médico científico (oh, en honor a la verdad, no ocurre siempre). Vamos, serían gente absolutamente normal. ¡Si hasta caminan como nosotros!

Sin embargo, a veces hacen tonterías (o a menudo) como nosotros. De la ensalada de sesgos cognitivos y falacias que saborean de continuo, hoy quiero hablarles de una cosa harto común que les ocurre, sobre todo a partir de una cierta edad: el prejuicio cognitivo de la nostalgia, traducido como la falacia de la apelación a la tradición, parte de otra falacia, la ad populum. Y ahí comenzamos a ver las excelencias de la vida acomodaticia y la memoria selectiva: ahórrese complejos análisis del pasado, quédese con las rémoras de excelente pedigrí aprovechando la memoria selectiva.

Así uno puede hacer ya uso de dicha falacia. Caca del pasado, malo. Se borra, fuera. Y ya tenemos esa imagen sesgada del pasado, en donde alguien quedará en decir que España hace veinticinco años era un vergel (o insinuará que es mejor que lo que hay ahora), basándose en detalles superficiales, como que había “menos” malotes (entronca directamente con la estadística intuitiva, en donde la cagamos con gran estrépito).

II

¿Quieren ver un ejemplo práctico? Señores, en los favoritos de mi navegador dormitaba un artículo que viene como anillo al dedo. Justamente ahí hay un canto a la nostalgia campestre, que se culmina con una letra musical un tanto demagogica, cargando las tintas contra la vida urbana (¿no habría que señalar la obviedad de la incertidumbre del futuro, cosa que también ha ocurrido con gentes de todas las generaciones?).

Y lo que puedo leer entre líneas me indica que hay que correr al pasado, siendo ésta la opción segura, aún cuando sea igualmente incierta la aplicación de dichas ideas a la luz de nuevos factores de toda índole, como la revolución verde, que permitió menos trabajadores y mayor producción. O el éxodo rural, que está ocurriendo en los países menos desarrollados (la agricultura en esas zonas, al carecer de acceso a tecnología moderna en muchos casos, es uno de los trabajos más penosos que existen, con una productividad muy baja).

Fiándome de la letra, uno puede ver cómo se confirma esta alusión a un pasado ideal: la idealización del propietario, de la bomba demográfica, de los hábitos antiguos, etcétera. Se observa un enorme simplismo, una incomprensión de lo que ocurre actualmente. Es pura apelación gregaria a los sentimientos, algo que se ve confirmado en los comentarios, como éste, que confunde disidencia con veracidad:

Los gregarios de la partitocracia se molestan porque aún queda aguna hebra rebelde en este uniforme tejido social almidonado. Parece que el derecho a la libertad se reserve a los prosélitos de la Cultura de la Muerte pero es cuestión de tiempo que, como vulgarmente se suele decir, les vaya a salir la burra capada; a todas las consideraciones morales hay que añadir una fuerza de la naturaleza: el instinto de conservación de la especie, radicalmente contrapuesto a los postulados políticamente correctos.

Igual la nostalgia no es tan idílica. En el país al cual alude la letra, Canadá, la mortalidad infantil en el pasado era elevadísima (en 1908, si nacías, tenías más del 20% de posibilidades de espicharla; ahora, poco más del 0,5%). Esto explicaría, principalmente, porqué nacían más personas: la elevada mortalidad era el precio oculto derivado de un crecimiento natural relativamente lento.

Ésta y otras pruebas son necesarias para combatir esa reacción defensiva de la alusión a un pasado ideal, aunque uno sea consciente de que el progreso nunca es lineal, que se puede ir a mejor o peor. Pero, sin duda, los análisis sesgados no ayudarán. Tiene que haber algo más, un análisis crítico que contemple numerosos factores. ¿Podemos hablar de la contaminación, de la transformación de los valores? Vale. Pero también hablemos de cómo se ha descendido brutalmente la mortalidad.

III

Por añadidura, en la misma web hallo un manifiesto que, aunque saluda los ingenios del presente, condena el materialismo y la pérdida del espíritu humano, recurriendo para ello a los clásicos de la filosofía y concepciones anticuadas. No pretenden adherirse a la trascendencia religiosa en un principio, hablando del espíritu en sí, pero al final se ven obligados a adherirse a concepciones profundamente relacionadas con Dios. En los posos, se ve esa sempiterna condena a los contemporáneos, quienes “sólo encuentran el sentido de su vida en el consumismo” y “han sido dominados por el materialismo”.

Parece casi una caricatura imaginarse al ser de la edad media pensando en el sentido trascendental, cuando el intenso trabajo en la agricultura de subsistencia, con muy pocos medios tecnológicos y una productividad bajísima, le agotaba la mente y cuerpo, cuando tenía que sufrir a un señor ávido de beneficios y que tenía sus alianzas políticas, y su analfabetismo era casi absoluto. Y, para acabar de empeorar las cosas, parece que no cita los avances en el respeto de los derechos humanos y la dignidad de las personas como parte del pretendido espíritu, dador de propósito y el argumento que ellos usan para distinguirse de los demás animales. Después de todas esas, en apariencia, profundas palabras sólo queda una visión desoladora y simplista del mundo, como ocurrió con la canción que cité más arriba.

Un mundo parvo en donde hemos perdido el norte y, ¡oh sorpresa!, nuestro tiempo está dominado por el ocio y la producción. Como, ¡oh sorpresa!, antes, sólo que con mucha menos variedad de ocio, otros valores, una estructura socioeconómica muy distinta y trabajos más miserables, con la grave amenaza de las enfermedades: si uno analiza las biografías de numerosos productores de cultura, ciencia y filosofía de hace varios siglos, encontrará cómo, de una manera u otra, tenían situaciones mínimamente gozosas que les permitían más tiempo para reflexionar sobre sí mismos y sobre la circunstancia del mundo, además de tiempo y espacio para crear aquellas obras que a tantos han conmovido. En según qué casos, estaba el mecenazgo o la herencia de fortunas, porque, al fin y al cabo, todo ese reflexionar y crear no es posible sin un mínimo sustento: que nunca se nos olvide nuestra marcada herencia animal.

Y si es por espíritu, conozcamos el proceder violento de la humanidad a lo largo de diversos tiempos y lugares, muy bien contenido en el libro El lado oscuro del hombre, una obra multidisciplinar del etólogo y ecólogo Michael P. Ghiglieri que trata sobre la violencia masculina. O recurramos a ese ensayo del psicólogo evolucionista Steven Pinker sobre la historia de la violencia, en donde nos sugiere que miremos más allá de las cifras absolutas del siglo XX, más de cien millones de muertos por diversas canalladas geopolíticas e ideológicas, y veamos la proporcionalidad: en una simple tribu, el porcentaje de personas asesinadas puede superar al de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial en relación con la población europea del momento.

Parece que no hay mucha coherencia entre la grandeza del espíritu y la violencia como solución fácil a la lucha de recursos en el pasado, cuando la diplomacia y demás sistemas éticos no conocían el grado de desarrollo del cual disfrutamos ahora.

Conviene, nuevamente, recordar la inexistencia de una era dorada a lo largo de la historia, pues todo tiene su precio y nada parece indicar que todos los factores contenidos en la idiosincrasia de una sociedad funcionen cual engranajes maravillosamente dentados y engrasados. Sólo parece ser posible hablar de una época ideal a través de una memoria selectiva y de la ausencia de numerosos factores en el análisis. Todo debe cuadrar, aún cuando sean imprecaciones contra la lógica, para que suene bien. Debe haber una coherencia en el relato, debe haber un panegírico que, a ojos del que sabe de lógica, suena extraño.

IV

A la luz de todo eso, ¿cómo sustentar un pasado idílico? Parece necesaria una falaz reducción al absurdo, ¡digamos ya que los neandertales eran iluminarias que nos hubieran llevado a lo increíble, a algo insólito! Sólo que el curso de la historia, fatalmente, siguió otro camino y nos fuimos degenerando eternamente. Y seguiremos. Dígase eso, mientras el rótulo reza que usted es autoridad en algo. Seguirá faltando a la evidencia, pero qué importa.

Sacando trocitos de la Sarta de estupideces (III): lo que quedó de las pinzas LASVI.

Con este anuncio a reventar de cutrerío y retórica eficaz pero huera, empieza la larga búsqueda de un viejo timo de los años 90, las pinzas LASVI y uno de los antecesores de la Power Balance como bien sugería un usuario de unos foros que frecuento. Sin embargo, la diferencia es que del Power Balance hay muchísima información circulando, vídeos de prueba e interminables debates de estúpidos frente a inteligentes. En cambio, de las pinzas ésas sólo hay pocos murmullos en la red, siendo estos comentarios vagos testimonios, incidiendo solamente en el recuerdo de ese producto.

Seguramente existían voces comentándose las unas a las otras sobre esa novedad. Y otras voces desconfiadas, rememorando timos aún más antiguos y hasta comentando el absurdo de una pinza en una oreja para remediar el dolor. Sin embargo, esas voces se perderon en el infinito de las memorias humanas, frágiles soportes biológicos. Ahondando un poco más, encontramos un comentario que resume todo lo antedicho, todo lo que se dijo en su momento:

Cuan­do veía a mi madre con las pin­zas pues­tas se me venía el alma a los pies. El ser cons­cien­te del frau­de, del efec­to pla­ce­bo, el saber que mi madre lo sabía, pero que se en­con­tra­ba tan mal que ne­ce­si­ta­ba creer en algo. Lo ri­dícu­lo que es ha­blar con al­guien que tiene pues­ta una piza de la ropa en la oreja; el tener que decir que se sen­tía mejor; el ver como un día, sin re­pa­rar en ello, la pinza des­a­pa­re­ció, son cosas que uno de­be­ría haber ol­vi­da­do.

Y lo hallamos en el artículo de referencia si se quiere saber que esa idea aleatoria de un mercachifle existió y formó parte de la teletienda clásica. ¡Copón santo! Trazando, también sabemos quién es ese mercachifle: Carlos Lasvi, acupuntor de profesión. Cavando todavía más, encontramos el nombre técnico para esas pinzas, pinzas de presión auricular. ¿Sus usos? Por si la explicación de Jesús Puente no bastara, he aquí:

Denominadas PINZAS LASVI. Estas pinzas, en forma de media luna, con un sistema lateral de presión, sirven para aliviar las molestias de cuello y espalda. Este efecto se produce cuando las placas superior e inferior de las que se componen, presionan sobre los puntos auriculares donde se refleja la columna vertebral. Prótesis con registro sanitario.

Sí, recuerdo a esos nativos de islas del Pacífico construyendo aviones en honor a John Frum, esperando el cargo que les llevaría a un mundo esplendoroso. Carlos parodiaba cierta retórica sanitaria, esperando que la gente cayera en esa trampa de la plausibilidad que costaba 4.830 pelas, rozando los 35 euros o más de la Power Balance. ¡Sigo! ¡Más, más!

Una firma de abogados, Gálvez Abogados, ofrece la posibilidad de hacer una inversión comercial en las Pinzas Lasvi, ofreciéndonos venderla. Se nos abre un mundo de posibilidades, ¡el banner nunca visto de un timo que buscaba resucitar, incluyendo menciones al mundo tecnológico moderno!

Banner de pinzas antidolor LASVI

Clic. Fatal clic en cierto enlace que amplía la información. Y tenemos ese manual de instrucciones que, en un par de páginas, advierte del funcionamiento real de las pinzas, hablándonos de reflejos orgánicos en la oreja. ¡Fascinante, oye! ¡Toca un punto de una oreja humana, que varía lo suyo según la configuración genética, y aliviarás las molestias de un punto aleatorio! Vayamos al final del todo, al cuadro azul.

Las PINZAS LASVI tienen como objetivo aliviar y dar una sensación de relajación y bienestar, por tanto no debe en ningún momento dejar de consultar a su médico.

Sí, un aviso legal para quedar bien y no matar en demasía. Aunque si se lee bien, se ve cómo Carlos Lasvi tiene que hacer una concesión: implícitamente es placebo.

Y con todo eso, parece que hemos de apuntar un dato: en ningún sitio, encontramos referencias bibliográficas del funcionamiento de las pinzas. Ni parece que haya una sesuda investigación detrás. ¿No es fascinante? Su currículo parece gordo, pero en Google Académico sólo nos encontramos con dos artículos suyos, no muy citados por lo que se ve. Y buscando “Carlos Lasvi reflejos orgánicos”, nada de nada.

¿Podría ser que busco mal? Sí. Se me olvidó dar otro dato: las pinzas LASVI se basan en la auriculoterapia, parte de la acupuntura. Este artículo la pone a caer de un burro, recordándonos por qué está con otras corrientes médicas de dudosa fiabilidad, y lo que encontramos en el mundo de los artículos científicos no es mucho más alentador.

Tenemos ese estudio cruzado y controlado que demuestra que la auriculoterapia no es efectiva para el dolor crónico, justamente lo que esas pinzas pretenden combatir, preveniéndonos del entusiasmo. Otros estudios probarían que no es tan efectiva. Y que podría tratarse de estimulación nerviosa, simplemente (al pinchar en algún punto del cuerpo, obviamente activas algún nervio). He aquí más resultados.

Acabada la digresión, he de especular con que esos engendros de plástico podrían estar en los más recónditos rincones de algunas casas. Podrían estar en los mercadillos como baratijas, como recordatorio de un pasado en donde Carlos Lasvi, posiblemente, aumentara su patrimonio económico (no he podido encontrar datos de ventas, aunque sí sé que el precio es sospechosamente más alto que un ibuprofeno, que tiene su reacción química y causa efectos en el cuerpo, tanto beneficiosos como adversos: nada sale gratis, de momento). Y los diversos plásticos no parecen ser notablemente caros, incluso cuando son reciclados.

Y eso es lo que hay: se vendió, algunas gentes cayeron y otras avisaron. El eterno ciclo de los mercachifles. Ese maldito ciclo. Esas malditas recurrencias de la amplia naturaleza humana.

Epítome de una salvaje ausencia

¿No se habrán extrañado, visitantes? O ausentes, que viene a ser casi lo mismo. Esa bitácora publicaba con cuentagotas: cada mes, unos artículos. La reflexión era leve, entre seria y absurda. O por lo menos la recuerdo así. Tenía siempre unos borradores en la mente, unos artículos a punto de ser publicados que se frustraban. Pensar era barato, hacer, caro. Esta alcoba parecía ser el rincón de un escritor dado a la desidia pero que asomaba de vez en cuando para mostrar que estaba vivo. Pero… pero… un día, algunos entraron y sólo vieron una cortina moviéndose. Era la brisa que soplaba. El autor estaba ausente. Salvajemente ausente. Pasaban los meses. Seguía ausente. Sí, un tremebundo paréntesis.

Todo eso tiene una explicación coherente. Este autor no es sólo autor. Su auténtica profesión es la desidia y la anarquía en su vida. En los primeros compases de la ausencia, estaban ideas que se atascaban sin que yo, oh autor, pusiera mucho de mi parte. Luego, me entregué a la creación de un sitio web sobre ciencias sociales, un viejo anhelo que había ido creciendo a medida que leía y reflexionaba. Huelga decir que esa web también lucha contra la desidia. El tiempo avanzó. Se giraron varias tuercas en mi vida. Leí más que nunca (o casi): me dediqué (casi) por completo al ensayo científico y mejoré en mi habilidad de divulgación, algo que parecería improbable hace años, cuando esta bitácora moraba en Blogspot. Profundicé en mi relación con una gran amiga, hasta el punto de amarnos. Más que un leve giro de tuerca, fue un gran giro.

Absolutamente todos los artículos anteriores de esta bitácora eran las confesiones e invectivas de un vago solitario y que se mantenía a flote en el mundo desarrollado. Ya no. Esta vida ha cambiado. Aparte de ganar una gran amiga y una relación muy profunda, he tenido sensaciones que nunca había notado antes. Cosas nuevas en la vida, cosas que dan la razón a los que defendemos su variedad. Pero… escribiendo esas líneas, noto que se me cae una lágrima. Sigo siendo el viejo McManus, ese extraño divagador que se divertía explorando en los senderos cibernéticos y clamando, intentando expresarse en un estilo particular que ha ido sufriendo variaciones con el tiempo, a medida que iba practicando (incluso en esa tormenta de desidia no cesé de escribir: vean mi pequeña bitácora, que, en parte, ha acabado llegando a sustituir a ésta o lo comentado en diversas comunidades y en Ciencia Social).

Por lo demás, vagueé más de la cuenta y visitaba ocasionalmente esta web para que la brisa no aparentara estar sola. Después de muchas ideas acumuladas en mente para el retorno y un impulso repentino… Vuelvo. Con, al menos, un artículo por mes, hasta que reciba en mi línea de flotación otro misil de la desidia.

¡¡Me conspirran!!

Y mi dedo, tan graciosete él, decidió señalarme. No se equivocaba, ¡yo tenía que ser! ¡Y me decía que estaba afectado por mil conspiraciones! Decidí glosar. Sí, era cierto. Para empezar, la disposición de mi cuarto. Algún impulso mental me hizo ordenarlo así de falta. Y sé que me lo provocaron desde una máquina sita en la Moncloa, al mismo tiempo que una versión más vieja de dicha máquina decidió, en 1998, enseñarme una lección sobre la muerte induciendo a un viejo al suicidio (se lanzaría desde un cuarto o quinto). Me enseñó todas sus bonitas manchas de sangre. Yo sé que no tuve ni pizca de culpa en la caída de mi radio a la bañera, fueron ésos. Sí, ésos. No sé quiénes son, pero son ésos. Y hacen cosas de ésas. Sé que otra cosa que me rodea, el horario escolar, está diseñada para que… yo, justamente, me caiga redondo de sueño. Hay villanos muy poderosos, allá fuera. Se ríen malamente. Y me tienen inquina, ¿por qué a mí?

Lo sé. Lo siento. De hecho, está en mi pantorilla. Es un maldito móvil lanzándome rayos a sueldo del Gobierno, que quiere a sus ciudadanos… yo qué sé. Después de esos destellos de serie B, siento impulsos de comprar ungüentos, de tener una prosa pobre para redactar frases de la guisa de “De aquellos vaqueros de aquellos efebos sobresalían aquellos billetes con la cara de aquel corsario, fabricados por Sony y sin validez legal. ¡Ingenuos, creían haber cobrado de verdad!”, de consumir sin parar, de comer sin parar, de ser obeso, de tener una vida corta mientras me dan buenos trabajos para que ellos cobren más por los impuestos, confiando en mi honradez, de ir a los peores guateques del país, de “no-disfrutar” con nuestros saraos y un impresionante etcétera.

Yo sé que otra despiadada conspiración se ha encargado de tumbar a mis escritores favoritos en los últimos años, todos ellos escogidos libremente (nótese el matiz). El programa que le impusieron a Douglas Adams en el gimnasio fue criminal. Su monitor ya no se reía con él y, con la anuencia del Estado, decidió planear algo pérfido: matarle de un infarto, el punto débil de todo hombre. Con Kurt Vonnegut fueron más originales y consiguieron que a algunos se nos ocurriera lo de “la paradoja del superviviente de la 2ª guerra mundial que la espicha tras caerse en las escaleras”. Con un avieso programa de investigación, consiguieron conferir vida a los escalones. Y ocurrió: se cayó, dándose en la cabeza. ¡Anatemas! ¡Me quieren robar la cultura!

¡Yo soooooy inoceeeeeeeeente! ¡Noooo teeeeeengo la cuuuuulpa! ¡Me tienen manía! ¡A mí! ¡A UN SERVIDOR! ¡Me odiaaaan! ¡Todo es su maldita culpa!

Y el paranoico huyó al ver a los sepulteros del barrio, ¡es que iban de negro y tenían algo que ver con la mue-te!

Guía de voluntarios ciberprogresistas.

Leire Pajín:
La Red se ha convertido en parte de nuestras vidas. Nos permite comunicarnos, divertirnos, hacer nuestras gestiones, informarnos e informar. ¿Por qué no podemos hacer también política?

Atengámonos primero al estilo literario y a las imprecaciones personales. Es el texto de mayor enjundia que he leído, a falta de voluntad mía para navegar libremente por la florida prosa del BOE o el culto y limado inglés de los Federalist Papers, por citar dos ejemplos de un mundo bibliográfico que avanza cual masa informe. Nueve páginas. Online. Poca chicha. No habrá que forzar la rueda central del ratón. Excelente.

Salvo por la vaguedad de las ideas expuestas en el prólogo, firmado por Leire Pajín, y por ocasionales solecismos, como “mimos” en lugar de “mismos”, redundancias tales como “para defender y extender los valores y el modelo de sociedad que conjuntamente defendemos”, cuando un avezado redactor podría proponer “para defender y extender nuestros valores y nuestro modelo de sociedad”, el texto va bastante bien. Sólo necesito abrir mis ojos. Desaparición completa de mis párpados. Credulidad al máximo.

1. Antecedentes. Con cierta demagogia, el PSOE miró en pleno noviembre del 2007 a la verdadera cara de las elecciones contemporáneas, con engrudo de propaganda, el último grito en agencias de publicidad, promesas vagas y fáciles de memorizar, necesarias alusiones al rival y orfebrería corporativa que habrá de quedar en la mente del elector. No profundizaré en la política del PSOE con respecto a la Web 2.0, aunque aprovecharé que el Pisuerga pasa por Valladolid para recordar, por ejemplo, que sus foros no son precisamente un paradigma del orden.

2. Contenidos. Aquí se tratará de ofrecer una interpretación del texto. Se trata de no repetir errores, llegando a mezclar opinión con hechos y pasándose con las presuposiciones (moneda corriente en Libertad Digital y cualquier otro medio que se precie de pisotear los principios del buen periodismo). Allá vamos, sabiendo lo que es: comentarios personales, nada más. Comenzamos con el segundo apartado, “visión y misión”. Se podrá despachar en una oración: perogrulladas optimistas sobre Internet, ¡cómo si fuera tan fácil, que ya ha caído mucha literatura profética sobre la Red!, y emplear herramientas consabidas, como la milagrosa bitácora.

Tercer apartado. Llegan las enseñanzas sobre la creación de blogs para dummies. Poquísimo que objetar, si acaso eso de “tú capacidad de comunicación se eleva enormemente”, por la tilde intrusa y el hecho de que no aumenta automáticamente tu capacidad de comunicarte por un blog más en este mundo (¿quién acaba leyendo, en verdad, un puñado de bitácoras?). Al final… una errata nos otorga la risa tonta: Flirk en donde dice Flickr. Cuarto. Oh, sí. Ha llegado lo grande: ahora ya te puedes comportar como un bondadoso maleante cibernético de Lagos, pidiéndote cordialidad en la guía a la hora de mandar inmisercordemente los emilios propagandísticos que tanto necesitan tus colegas indecisos (¡si te dan consejos y todo, te lo ponen en bandeja!). Spam pero de buen rollo, eh:

Es importante mostrar un talante positivo, más encaminado a convencer que a contribuir al incremento de la crispación que pretende el PP

¡Más! Oh, sí. “Pásalo”. El sombrío SMS también vale. Mucha cordialidad, pero hay que rapiñar hasta el último voto, ¿eh? Maquiavelismo políticamente correcto. Y en el resto de los apartados… el PSOE te propone, indirectamente, ser vocero (habrá quien te acuse de trol de jardín presto a comerse cultivos), además de invitar a otros de su cuerda. Y en bitácoras, alguien podría hacer spam en los comentarios, siendo ignorado por todo el mundo en pos del Partido So Español. Y no te detendrás ahí: tú, con tu voluntad, serás el terror de webs de noticias y encuestas. ¡Ríete cordialmente, aunque no seas el villano villano Mendo, de profesión “facedor descarado de maldades”!

3. ¿Y qué fue? Parece que el plan 2.0 del PSOE no llegó a tanto. Tenemos a iz@psoe.es, un “robot” al cual podías agregarle en el MSN Messenger, siendo abandonado por ahí. Una gracieta más de campaña. Como esas promesas de usar y tirar, como esa retórica vacía. Dicen los sabios veteranos que en campaña lo flipabas, pero cuando le agregué… ya había pasado la tormenta. Y mustio le hallé. Nunca me devolvió un mensaje. Nunca. O fallé al enviar mis mensajes.

Y se lanzó a ser aún más Web 2.0, teniendo página en Netvibes. En campaña, antes del estruendo de marzo del 2008, bullía el antro. Hoy está tan abandonada como cierta parte de la estación de Príncipe Pío. En cambio, hay que reconocer que la Blogosfera Progresista se mantiene viva, incorporando bitácoras albergadas en diversos servidores. Aunque mucho contenido sea de jaez parecido (o no sea la última entrada de una determinada bitácora en según qué casos). O palidezca ante sitios aglutinadores de calidad superior como NeoProgs. En fin, ¡viva este mundo de claroscuros!

4. ¿Dónde conseguir la guía? Para contrastar las tonterías antedichas, se puede leer por tu cuenta la guía ésa en estos dos enlaces:
Guía online en Scribd.
Web oficial del PSOE para guardarla como oro en paño.

¡Disfruta de ese género del Bazar de Venecia de la política!

El dinero peleón

Corrían tiempos genéricos. Era ponerme en una plataforma algo elevada y sólo me saludaban chicuelos de cara grotescamente rajada y cuerpo desgarbado. Todos ellos, escuálidos y enfermizos, aún tenían fuerzas para chillar. Y sabían a quién dirigir sus críticas, ¡al dinerico! Y encontraron a un portavoz y un líder en mí, un chico que estaba seis centímetros por encima de la media de altura nacional. En variadísimos acentos y estilos la misma cosa me confesaron: “el dinero nos esclaviza a todos”, “si hay un culpable en este mundo es el dinero y sus personas”, “el dinero nos dominaaaaaaaa” (sic), “si el dinero desapareciera todo iría mejor”, “a mi tía la secó el dinero, que la mató al final”, “el dinero es crueldad y esclavitud”, “dinero, ¿qué hay de tus fechorías”, “el dinero nos seca a todos”, “¡dinero malo!”, “queremos un mundo sin dinero”, “dinero explotador” y un larguísimo etcétera de frases que se me olvidarán.

“¡Exigimos respuestas!”, gritaron también en varios tonos y retóricas. Yo les dije “No os preocupéis, os hablaré de cuán malo es el dinero”. Declamé a gusto, mientras se sucedían gritos de ánimo y muestras de valor. Mis cachorros se preparaban para la lucha.

Lo que pasa es que el dinero puede cobrar vida propia, no es inanimado precisamente. El mundo es muy horrible, así que enumeraré unos cuantos casos más, ¡preparaos! ¡abrid bien vuestras orejas! Se han documentado casos de billetes que caminaban por las calles de Bucarest y tenían un patrón aparentemente arbitrario para escoger víctimas a las cuales atacar.

A mí la cara de mi moneda de euro, por ejemplo, me insultó hace tiempo. Nunca hubiera creído que esa efigie me pudiera decir: “¡vaya, tienes una verga corrupta y ridícula!”. Empiezo a sospechar que en la Casa de la Moneda buscan desmoralizar a la grey. Pequeños grupos de yuanes chinos hicieron el gamberro y tendieron en pleno bosque una trampa para una manada de lobos. Cayeron. Se rieron. Una solitaria moneda de peso argentino consiguió destrozar la traducción de un libro de minorías, desgraciando la reputación de aquella editorial minoritaria de San Miguel de Tucumán. Puso palabras como “orejos”, “palisa”, “hovra”, “ommvre”, “lovo”, etcétera. Fueron cientos de errores, ninguno intencionado. Y ordenó imprimirlo, haciéndose pasar por el editor jefe. Se retiró de la casa editorial con una risilla maligna.

Y hace más de cuatrocientos años, un grupo de doblones se encargó de hundir varios barcos piratas en el Caribe. Querían practicar la piratería a la inversa. ¡Oh… pero si te veo, desgarbado! ¿No eras el que decías que el dinero mató a tu tía? Pues sí. Esto ocurrió en Villafranca de la Sierra. Y el asesino fue una moneda de diez mil pesetas que utilizó a su hermana, un billete de cinco mil, para comprar una poderosa soga. El resto ya te lo imaginas. Tu tía, con cara morada. Ah, ya… Más, más. En Minnesota, muchos billetes de cien dólares cogieron picos y trataron de crear un agujero mayúsculo, pero no pudieron. No daban para mucho. Ah, no recuerdo más.

Tenía un libro grande, muy grande, sobre lo malo que era el dinero. Recogía casos como los que he mencionado y debidamente documentados, pero se perdió en un incendio causado por mi billete de diez euros, que decidió salir de mi cartera en un día de calor sofocante. Todo eso lo cito de memoria, fue lo poco que pude guardar. Oh, ya he terminado con mis palabras… veo que rabiáis a aplaudir. ¡Mucha suerte con lo que vais a hacer!

Yo, que sabía algo de Economía, les mentí… ¿Debería sentirme mal? Estaban muy desesperados. Querían una versión simplificada de lo que pasaba en el mundo, deseaban ávidamente su ilusión de control. Qué demonios, me gustó mucho cuando me lo agradecían de todo corazón y se quedaron prendados de mi verbo. Les di lo que querían, simplemente. Querían tener en sus manos ese sesgo de confirmación. Si hubiera sido más realista, ellos protestarían porque no les daría lo que querrían oír. Qué demonios, me sentía líder y me quería ahorrar problemas.

Sacando trocitos de la Sarta de estupideces (II): Contra el dislate de la transubstanciación.

Hoy se señalará lo obvio, naturalmente. Sin embargo, eso de la transubstanciación es una atroz mentira que se ha difundido desde el Concilio de Trento, allá por el siglo XVI, basada en un festín que el Señor se pegó. Ya están advertidos: nos centramos en el plano físico y comprobable, como alguien me saque su locuela entelequia espiritual le doy el argumento como no válido siempre que no me presente pruebas fehacientes (no, no vale un vago testimonio personal).

Se supone que una de las trazas de cordura establecida en este mundo es tomar una hostia consagrada (mero pan ácimo) a base de harina de trigo y creer, aunque tu cerebelo se niegue, que es… el cuerpo de Cristo, ¡ay, es una cosilla autorizada en un mundo donde la clasificación de algo en locura o aplastante normalidad depende, en cierta parte, del arbitrio de la sociedad!

Se presupone, entonces, que todas las harinas de todas las tiendas y fábricas del mundo (por no hablar de su fuente primigenia, el trigo u otro cereal) tienen a Cristo dentro, aún cuando algunos de sus empleados sean animistas, aztecas, ateos, budistas, musulmanes, etcétera. Donde quiera que esté, parece improbable que el cuerpo de Jesús esté representado equitativamente en cada gramo de los miles de millones de toneladas de los diversos cereales que se cultivan al año, pues se supone que el pan ácimo emplea cualquier harina. Aunque en el caso de la hostia, lo más normal es emplear harina de trigo (no muy buen caldo de cultivo para albergar, desde sus raíces, una partícula divina: se cultiva en casi todas las zonas templadas del planeta y en los últimos años su producción ha rebasado las 600 millones de toneladas en total).

Si Jesús no está allí, entre toneladas de cereales, ¿dónde debería aparecer, entonces? ¿Mientras aquella masa de harina y agua se calienta entre dos planchas calientes? Parece harto improbable que la física y la química se pongan a hablar de moléculas y átomos “especialitas”, de carácter divino. Tampoco parece claro que, al secuenciar el genoma del trigo, se encuentre algún gen relacionado con la divinidad. ¿Y…? Vaya, vaya. Entra en acción la perturbada imaginación del párroco, aleccionada por las decisiones del Concilio de Trento en cuanto a eucaristía.

De una simple oblea que entra en tu garganta tras ser ablandada por la lengua, ese simpático párroco echará mano de su prefabricada y antediluviana imaginación para pronunciar unas palabras. Pero como simple alimento QUE ES, bajará por las interioridades del tronco y, al fin, formará parte de un excremento. ¿Acaso deberíamos otorgar divinidad a esa hez que hará rafting por las cañerías municipales?

Procedamos con la otra parte del disparate, la sangre de Cristo. Alguna vez me he animado a lamer las ocasionales heridas que me hacía, he saboreado una gota de sangre. He podido gozar de su sabor “metálico”. Hasta donde mis limitadísimos conocimientos me permiten saber, no tengo constancia de Homo Sapiens Sapiens que, por defecto, tengan alcohol en la sangre. Para explicar cómo un vino expedido por una iglesia genérica (y muy probablemente sea de una cosecha de este siglo) puede ser la sangre de Cristo, tendré que recurrir a una ucronía:

A Cristo, oh invulnerable, le hicieron perrerías esos romanos de boñiga. Y una gotita de sangre suya que llevaba algún centurión cayó muy, muy lejos en una vid. Desde entonces, se extendió por toda la Tierra a lo largo de los siglos. Ahora, cualquier vino es apto para la eucaristía.

Seguramente cuente con sólo reprobación, pues se aparta mucho de la oficialidad: la escena de la cena del Señor, uno de los orígenes de esa insidiosa magufada. Pero… no importa, también es ficción, aunque zahiera contra los orígenes verdaderos de dicha ceremonia.

Por último, todo esto debería ser un vago rito (de momento, la postura oficial es que no es ninguna metáfora1, aunque se pueden encontrar posturas alternativas, como en todo buen fenómeno fan). Un rito que se realiza mecánicamente y acríticamente, siendo objeto de sorna para el pensador crítico por la inconcebible cantidad de disparates que hay. Pero… me temo que el mundo es como es, existiendo un estudiante que recibe amenazas de muerte por “robar a Cristo”. ¿No habíamos quedado en que Cristo está presente en cada gramo de trigo que se cultiva en el planeta? ¿O en que es una obra de nuestra imaginación? O un hombre que se viste de jumento para la ocasión y me propone una somanta de palos a cambio de profanar ese rito, que se confirmó, no lo olvidemos, en una asamblea de la Iglesia Católica. ¡Buuuuf…!

Me largo al monte y observo el horizonte. Me digo: ¡Ah, cuánta gente inventándose magos! ¡Ah, cuántos dejándose llevar por la ilusión de control!


Notas al pie:

1 Sólo tienes que echar una ojeada a los cánones del sacrosanto sacramento de la eucaristía, empezando por su primer artículo:

CAN. I. Si alguno negare, que en el santísimo sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y substancialmente el cuerpo y la sangre juntamente con el alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y por consecuencia todo Cristo; sino por el contrario dijere, que solamente está en él como en señal o en figura, o virtualmente; sea excomulgado.

Fuentes:

FAO
Pharyngula – IT’S A FRACKIN’ CRACKER!
Sentido de la Eucaristía como Sacramento
Opus Dei – La Hostia Consagrada es Pan del Cielo
http://www.jesucristovivo.org/Articulos/07/7_8.html
Decreto sobre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía (valga el pleonasmo)